Más de diez mil pobladores afectados por las atípicas inundaciones que arrasaron a varios distritos del Norte bonaerense, han iniciado un lento y traumático regreso a sus viviendas, desde los albergues oficiales donde fueron evacuados, y de casas de amigos y parientes donde se refugiaron desde la semana pasada por el temporal de lluvia de violencia extraordinaria sobre la región.
Más allá de la tarea que están desplegando municipios, bomberos voluntarios y diferentes organismos públicos para reparar la infraestructura destruida a fin de restablecer servicios básicos, el drama se centra en particular en las casas de familia. Las pérdidas materiales son cuantiosas y difíciles de cuantificar, ya que el agua ha dañado desde las estructuras hasta los muebles que no pudieron ser arrastrados por las correntadas de los cauces desbordados, que se llevaron ropa y enseres domésticos.
Volver a la normalidad es imposible sin la ayuda solidaria y para ello se han movilizado numerosas entidades de bien público a fin de recolectar los aportes anónimos de la comunidad para asistir a tantos damnificados. Los sanjuaninos, con muchos antecedentes de catástrofes naturales, saben de la importancia de la ayuda de la comunidad y la forma de retribuirla es acercándose a los lugares donde se concentra la recepción de ayuda solidaria, o bien depositando donativos en las entidades financieras autorizadas.
Debe recordarse que una vez acalladas las polémicas, las acusaciones y especulaciones políticas, las familias quedan solas frente a la reconstrucción doméstica que es larga, muy onerosa y requiere grandes sacrificios. Más todavía si perdieron también puestos de trabajos por la paralización del aparato productivo.
