Me sorprendió este estallido de optimismo, porque en mis viajes a China y a otros países asiáticos en los últimos cuatro años, encontré exactamente lo contrario. Los funcionarios chinos constantemente trataban de restarle importancia a las predicciones occidentales que afirmaban que en pocas décadas más China sería la mayor economía del mundo. Cuando les señalaba mi sorpresa por la rapidez del proceso de modernización de China, invariablemente decían: "Sí, pero todavía tenemos 800 millones de pobres. En muchas partes, todavía estamos en el Tercer Mundo". La línea oficial, obviamente, era tratar de no asustar a Occidente. Pero ahora, los chinos -y el resto de los asiáticos- rebosan confianza, y se animan a mostrarlo públicamente.
Mientras se prevé que la economía de los países industrializados de Occidente caerá un 3,5% este año, y que la de Latinoamérica se reducirá en casi un 2%, se calcula que las economías asiáticas crecerán más de un 5 por ciento.
En Singapur, visité a Kishore Mahbubani, el autor del libro "El nuevo hemisferio asiático: el irresistible desplazamiento del poder global hacía Oriente". Mahbubani, ex embajador de Singapur en la ONU, es decano de la Escuela de Política Pública de la Universidad Nacional de Singapur, y uno de los intelectuales más famosos del país.
"Estamos llegando al final de la era del dominio occidental", dijo Mahbubani. Occidente ha dominado la historia tan sólo durante un breve período, que abarca desde la revolución industrial de 1820 hasta nuestros días, dijo. "Ese período fue una aberración histórica, y está llegando a su fin. Por eso hablo del `retorno’ de Asia, y no del `ascenso’ de Asia", agregó.
Mahbubani dice que hay "una explosión cultural de confianza de proporciones nucleares en Asia", entre otras cosas por la adopción de la economía de libre mercado que abrió las compuertas a la largamente reprimida pericia empresarial de los 4000 millones de habitantes de Asia. Además, el sistema meritocrático de los países asiáticos -en contraposición al "amiguismo" predominante en Latinoamérica- y su intenso énfasis sobre la educación, convertirán a las naciones asiáticas en los principales centros tecnológicos del mundo, explicó.
Mi opinión: Según lo que vi en Singapur, China e India, los asiáticos tienen obsesión por mejorar la educación. Apuntan a crear una élite de científicos que producirán exportaciones cada vez más sofisticadas y mejor cotizadas. Sin embargo, 40 años atrás se decía que Rusia dominaría el mundo, y 30 años atrás era Japón el país que sería la próxima superpotencia mundial. Y las cosas no se dieron así.
Tal vez porque muchos escritores tienen debilidad por los regímenes autoritarios, minimizan la posibilidad de que las tensiones políticas y raciales -reprimidas durante mucho tiempo- puedan explotar en China, Vietnam, Singapur y otros países no democráticos. India, es diferente: una democracia que habituada a absorber las conmociones internas.
Además, el sistema económico chino es legalmente turbio, y hay un mayor riesgo de guerras entre los países asiáticos. Y los países occidentales todavía llevan mucha ventaja en ciencia y tecnología. El número de patentes estadounidenses registradas cada año es mucho mayor que el de China. Y según el ranking de las mejores 100 universidades del mundo de la propia Universidad de Shanghai en China, las universidades de EEUU están muy por delante de las del resto del mundo.
