Dirigir una mirada hacia la historia del género en la Argentina, desde las antiguas culturas americanas hasta la actualidad, es una tarea relevante. Es oportuno en esta ocasión, referirse a la condición de la mujer argentina hasta las primeras décadas del Siglo XX.
En primer lugar, es interesante tener en claro, que las relaciones de género son "construcciones históricas dinámicas”. Es decir, no hay reparto de tareas que dependan de las ventajas o desventajas biológicas. Si las atribuciones tienen escasa movilidad, es porque la sociedad así las entiende y las vive. En este sentido, y para dar un ejemplo, en los antiguos pobladores americanos que eran cazadores-recolectores, las mujeres carecieron de un papel predominante en la crianza de los hijos. De ello se encargaban todos los miembros del grupo.
Las mujeres circulaban entre diversos grupos étnicos para garantizar no solo la reproducción de la comunidad sino también, para sentar las bases jerárquicas de la división sexual del trabajo.
En estados como el inca o el azteca las mujeres, tuvieron una participación y autoridad limitada. Sin embargo, socialmente tuvieron una mejor posición en relación con las europeas.
Con la conquista y colonización van a entrecruzarse el género, la condición étnica y de clase, destacándose de esa manera, la desigualdad entre hombres y mujeres y la versatilidad de la experiencia femenina. El trabajo en los hogares que realizaron las mujeres se opuso a la producción para el mercado impulsado por los hombres. Vale aclarar que el trabajo de las blancas era muy diferente del llevado a cabo por las indígenas, negras, mestizas o mulatas. Las primeras, recluidas en el hogar, educaban a sus hijos, las de color las sirvieron en sus hogares. Las indígenas tuvieron que satisfacer sexualmente al conquistador, pero los hijos mestizos terminaron siendo utilizados para extorsión.
Las negras esclavas, trabajaron en casas de ciudad o de campo y en las plantaciones de colonos. Se resistieron negándose a procrear. El conquistador impuso la monogamia como modo de control de su progenie y con ello fomentó la prostitución femenina para su placer.
Durante la emancipación latinoamericana, unida a la prédica de libertad política y económica, va a promoverse la independencia de los esclavos negros y se va a permitir la participación femenina en las guerras de la Independencia. Mujeres de las clases altas como Mariquita Sánchez, Casilda Ygarzabal de Rodríguez Peña y Ángela Castelli, organizaron reuniones clandestinas en pro de la independencia. Juana Azurduy, en la Campaña del Alto Perú, en 1816, coordinó las actividades militares para hacer frente a los realistas. Las indígenas, negras y mestizas, por su parte, realizaron labores de espionaje o asistieron a los ejércitos libertadores en las acciones contra el enemigo. Otras féminas, se encargaron de las variadas labores realizadas por los hombres quienes estaban o habían muerto en la guerra.
Las luchas políticas que vinieron después de las guerras de Independencia desencadenaron verdaderas guerras civiles. En ellas las mujeres también ocuparían un lugar destacado. Un caso concreto fue Eulalia Ares de Vildoza, una catamarqueña que, vestida de varón y con sus amigas, se colocó en 1862, al frente de una revuelta que depuso al gobernador de Catamarca que no quería dar el mando al las autoridades electas por entonces.
A fines del siglo XIX consolido en el Código Civil la prohibición de que el género femenino pudiese cumplir un rol decisivo en lo público. Las puso en estado de tutela con un estatus parecido al de los menores o deficientes mentales. Esta desigualdad seria impugnada por las mujeres, luchando jurídica, política y sindicalmente. Se trazaron distintos proyectos de emancipación desde la literatura, el periodismo y las organizaciones anarquistas o socialistas. Juana Manuela Gorriti o Eduarda Mancilla serán algunos ejemplos de mujeres que escribieron contra la opresión sexista.
La historiadora Débora D’ Antonio indica que se crearon publicaciones tales como, La Voz de la Mujer, Tribuna femenina, Nuestra Tribuna o Nuestra Causa, donde se destacaron Carolina Muzzilli, Juana Rouco Buela y Alicia Moreau de Justo. Además surgieron organizaciones como el Centro Socialista Femenino (1902), la Unión Gremial Femenina (1904), la Unión Feminista Nacional (1918) y la Liga por los Derechos de la Mujer (1922) que buscaban la emancipación femenina en distintas áreas.
Las mujeres se incorporaron al mercado del trabajo tempranamente, pero a pesar de la importancia del trabajo femenino, hacia 1930 prevaleció una gran inequidad salarial respecto a los hombres y además no se valoraba el trabajo doméstico que realizaban. Es así que las mujeres comenzaron a intervenir en el movimiento sindical, participando en las huelgas y en la conformación de organizaciones obreras.
