Aprobada la ley de expropiación de la mayoría accionaria de la empresa YPF, o la "renacionalización” de la petrolera, como se califica a este paso trascendente en ámbitos estatales, las expectativas se centran ahora en los pasos a dar para alcanzar el objetivo prioritario de la nueva política hidrocarburífera del Gobierno nacional.
La estrategia es ampliamente ambiciosa si se tienen en cuenta los ocho principios generales de la norma, inherentes a la exploración, explotación, industrialización, transporte y comercialización de petróleo y de gas -la transformación incluye a YPF Gas-, abarcando todos los aspectos operativos y logísticos, desde el empleo hasta la protección de los consumidores. Si a estas premisas se suman la incorporación de nuevas tecnologías y la apertura para sumar alianzas estratégicas, el interrogante que se venía planteando era quién y con qué equipo técnico y ejecutivo podía asumir semejante compromiso frente al interés público nacional priorizado por esta ley sancionada por amplia mayoría parlamentaria.
La respuesta a la incógnita fue develada por la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner, al anunciar el viernes último a Miguel Galuccio como presidente de la nueva YPF argentina. Este ingeniero entrerriano de 44 años, formado en los tiempos en que YPF fue multinacional llevada de la mano de José Estenssoro, acredita un currículo extraordinario hasta dejar el mes pasado la presidencia de la Integrated Project Management, unidad de la empresa Schlumberger, la más grande del mundo en servicios de exploración y perforación. La solvencia de Galuccio lo señala como un "reservorista” estrella entre los expertos en la localización y perforación de hidrocarburos, con gran especialización a pesar de su corta edad, y un pionero en sacar petróleo y gas de lugares que parecían imposibles, caso del enorme potencial del yacimiento patagónico no convencional de Vaca Muerta.
Con estos antecedentes, quedan atrás las suspicacias de que era la expropiación de YPF era improvisada y se disipan los temores de crear otro monstruo deficitario como la Aerolíneas Argentina estatal. La presidenta ha dicho que reconoce sus errores y tal vez la nueva conducción de YPF sea una forma de enmendarlos alejandola de interferencias políticas, más en un área donde no cabe la improvisación ni la discrecionalidad estatal porque los márgenes de errores no existen.
Hay un buen comienzo, pero el deasafío de recuperar el autoabastecimiento hidrocarburífero es una meta titánica y será larga.
