Los numerosos días del calendario anual de feriados nacionales, a los que se agregan otros no laborables por efemérides provinciales y municipales, han comenzado a preocupar seriamente en amplios sectores sociales por las consecuencias económicas en la producción y el comercio, y se suman también los pedagogos al advertir el grave daño que la inactividad causa en la educación.
Las autoridades nacionales han observado la necesidad de prolongar la jornada de clase como una forma de compensar los días perdidos y así poder llegar a completar los objetivos de los diferentes programas de enseñanza y, fundamentalmente, los 180 días aúlicos establecidos por ley. El dictado de clases los sábados como una alternativa recuperadora, ya se puso en vigencia en Tierra del Fuego hasta diciembre próximo, a fin de cubrir la paralización de más de dos meses debido al paro docente en esa provincia
A los continuos feriados escolares se suman las dos vacaciones anuales, sin olvidar los días asignados al perfeccionamiento docente, restringiendo aún más las horas efectivas del dictado de clase. En virtud de este de desequilibrio, varios especialistas buscan una salida mediante sistemas que se están aplicando en varios países, como repartir el receso a lo largo del año, para distribuir mejor las cargas pedagógicas, de manera que el calendario sea más racional pensando en los alumnos y en los maestros. En la Argentina varios colegios privados ya implementaron esta variante que se extiende en el mundo para no tener más de ocho semanas de clases, sin una en el medio, a fin de dar descanso a alumnos y docentes tras un desempeño sobresaliente, muy diferente a nuestro calendario escolar que rige desde mediados de febrero con las numerosas interrupciones. La tasa de abandono escolar en la secundaria ronda el 50%, la prueba contundente de los desaciertos funcionales en la escuela pública.
El problema del exceso de feriados en un área tan sensible como el de la educación, es realmente problemático. Pero también lo es para la población económica activa, no obstante que pueda beneficiar a ciertas zonas turísticas. Lo cierto es que trabajar en un promedio anual de tres días por uno de descanso es un lastre en el crecimiento del país, por lo que se debe reconsiderar este panorama de ocio. Hay feriados sin sentido, como el del viernes 8 de este mes que no fue puente ni conmemorativo de nada, pero se decretó graciosamente. La reacción privada de no acatar el insólito receso, revela una lógica ante el absurdo.
