Muchas veces cuando se consideran para la investigación o el estudio los grandes escritores y las diferentes épocas, se tiene la mirada puesta en Europa, cuna sensiblemente más favorable a las expresiones escritas y artísticas y en consecuencia se olvida que en algún momento hemos sido contemporáneos de la aparición de los grandes clásicos, de las corrientes literarias y que ha existido una filología desconocida para el común de la gente, también entre nosotros desde 1492 en adelante.
Si consideramos San Juan, fundada en 1562, hacia 1606 y 1615 que son las fechas donde aparece El Quijote de Cervantes, ya teníamos una serie de documentos con terminologías que nos enfocan en un habla similar a la del ahora clásico cervantino y aunque no registremos escritos ni escritores en gran número hay documentación de la época colonial desde 1700 en adelante, que sería muy interesante conocer. De hecho, se desconocen por falta de difusión debido a que no trascienden a veces más allá de lo académico y quedan a consideración solamente de aquellos que se mueven en el ámbito de la universidad sin una difusión que permita acercarlos a quienes por curiosidad nos dedicamos a ampliar el horizonte mirando hacia el origen de nuestra idiosincrasia vocal, hablada, y escrita. Por ello, es dable destacar que en la provincia existe un trabajo de investigación llevado a cabo por la Dra. Gladys Aballay Meglioli denominado ‘Ecos de Vida de San Juan de la Frontera” al que revalorizar en toda su dimensión en estos días que se desarrolla la Feria Internacional del Libro en su cuadragésima segunda edición y en que venimos recordando los 400 años de Cervantes y Shakespeare. El libro de la Dra Aballay desarrolla cuatro realidades interesantísimas respecto al habla local, la terminológica, la evocada, la hablada y la realidad evangelizadora. Todas ellas aportan algo a nuestra lengua y con el mismo esquema de evolución que la española, hay expresiones que han desaparecido, otras que perduraron y desde luego también sucedió parecido en la influencia del aporte nativo con palabras que quedaron para siempre y otras que han caído en desuso. La documentación es riquísima, tanto como el léxico colonial, y cobra casi el grado de testimonio hablado cuando los papeles investigados fueron escrito por personas que tenían cierto grado de instrucción pero más allá de las formalidades de un instrumento público, en la justicia, el comercio o la policía se escribía como se hablaba y se hablaba con el grado de formación que tenían los actores. Así son sorprendentes los testimonios y la manera en que se hacían las descripciones sea en lo referido a condiciones personales, en medicina, en los gentilicios y la toponimia, como en aquellos momentos que debían caracterizar o individualizar personas. La herencia castellana, es indudable. El aporte nativo, insoslayable.
Esta es una obra lexicográfica imperdible de una investigadora prácticamente ignota, cuyo trabajo científico no ha tenido la divulgación suficiente y sin embargo es de un enorme valor para conocer nuestras raíces más viniendo de una doctora en letras que llegó a cumplir una beca dentro del Programa de Cooperación Interuniversitaria, con una estancia de trabajo nada menos que en la Real Academia Española hace muchos años lo cual se desconoce y realizó siendo muy joven en la Madre Patria donde obtuvo el título de Doctora en Filología Hispánica de la Universidad Complutense de Madrid, España.