"El idiota”, del año 1869, habla de la Rusia Zarista, con la cual se podría hacer un paralelo con la sociedad argentina del siglo XXI.

Fiódor Dostoyevski en su novela "El idiota”, del año 1869, pone de manifiesto una realidad de la sociedad de la Rusia Zarista, con la cual se podría hacer perfectamente un paralelo con la sociedad argentina partida en dos, del siglo XXI. En la tercera parte del libro se produce una discusión entre "el idiota”, que es un príncipe de aire inocente, por lo cual se lo apoda de esa forma y un grupo de personas, en medio de una distinguida reunión. Rusia era una nación renuente a aceptar las ideas socialistas que circulaban por la Europa de aquella época y en la conversación se pone en tela de juicio un caso que divide la opinión, donde un hombre por razones de hambre estaba cumpliendo una pena de prisión después de haber asesinado seis personas. Algunos opinaban que había que liberar al pobre hombre, con el atenuante de matar por hambre. La sociedad rusa tradicional de la época se espantaba argumentando donde llegarían los crímenes si se liberaba a ese hombre. Y el tema se había instalado en la tertulia de este grupo de veraneantes en la ciudad de Pávlovsk. 

 

No es un tema aislado

La novela basada en la realidad, describe la diversidad de aquella reunión, donde había generales conservadores, otros desertores, mujeres y chicas de la sociedad tradicional, alguno que otro comerciante y este príncipe muy raro que había sido educado hasta los 20 años en Suiza a causa de una epilepsia. El príncipe, que había recibido una importante herencia, acaparaba la atención de todos, no solo por lo raro de su personalidad sino también porque era generoso y varios se acercaban para recibir sus favores financieros. Habían concluido coincidiendo que absolver al que asesinó por hambre era un tema aislado que no tenía por qué generalizarse ni sentar precedentes jurídicos en ese país. 

¿Usted qué opina sobre la absolución del hombre que asesinó por hambre? Inquirió uno de los presentes hacia el príncipe "idiota”.
Y el príncipe dijo en voz baja: – No es un tema aislado. 

Todos se quedaron con la boca abierta como diciendo:

– ¿Se atreve a contradecirnos a todos? – Es un tema general. Añadió el Príncipe.- Como que general?. Repreguntaron.
– Claro. Estamos asistiendo a los hechos más perversos que hayamos podido conocer.
Otro de los presentes, buscando descalificar al Príncipe, como en la antesala de un espectáculo de burla generalizada dijo: – Siempre existieron crímenes atroces y es seguro que los asesinos de hace dos mil años eran peores que estos. 
– Usted no comprende lo que intento expresar, insistió el príncipe. – Tiene razón cuando dice que los crímenes siempre han sido aberrantes. Pero hay una novedad. He visitado asesinos muy peligrosos y le puedo asegurar que están convencidos que han realizado un acto de maldad y consideran justa la condena que cumplen. La novedad del caso del asesino por hambre y el de varios de los miembros de nuestra sociedad (año 1869), es que consideran un bien lo que constituye realmente una aberración. Se ha perdido la conciencia del mal. Más allá del hecho concreto en sí, el asesino reivindica su accionar, justificándose al margen de cualquier análisis moral de su libertad. 
Todos se quedaron con la boca abierta. El joven de la pregunta bajó su cabeza mirando un punto fijo. 
El príncipe es partidario de la compasión. Para él la compasión es la ley más importante de la humanidad y añade en otro pasaje de la novela, que tal vez sea la única ley importante. Por eso acostumbraba a visitar encarcelados. Pero no es partidario de la pérdida de la conciencia del mal. 

 

Valoración de fondo

Supongamos que la grieta argentina se dividiera entre liberales y socialistas, que no lo son, pero lo hacemos al solo efecto de identificarlos. Un liberal "a lo argentino” es funcionario de gobierno y tiene la plata en el exterior, pero invita a los extranjeros a invertir en argentina y a los argentinos a dejar su dinero en el país. Un argentino preocupado por los que menos tienen justifica usurparle la tierra a otra persona que adquirió la propiedad con el esfuerzo de su trabajo. Darle tierra a una persona no implica transformar automáticamente a alguien en agricultor. La revolución rusa cometió ese error y conoció el hambre. Finalmente estuvo postergada durante casi 70 años. Por eso, las reuniones de aquella época, al igual que las nuestras en el siglo XXI, son un verdadero caos. No se entiende ni siquiera que se discute porque falta una valoración de fondo. No me gusta tu cara y punto. 

Parafraseando al padre Karol Wojtyla en 1940 -futuro papa Juan Pablo II- durante la invasión Nazi a sus alumnos: Si al mal lo enfrentamos con mal, este se reproducirá con nuevos nombres. Solo triunfarán el amor y la voluntad de buscar el bien y la verdad. Para lo cual es necesario tener conciencia del bien. 

 

Por Alberto Darío Escales
Docente de Doctrina Social de la Iglesia