El papa Francisco sigue con viva preocupación la crisis migratoria europea, por personas que buscan un refugio desesperadamente. Para el Santo Padre es un "éxodo bíblico” que obliga a familias enteras a arriesgar sus vidas en busca de un futuro lejos de la guerra, del hambre y la violencia y pide ser más solidarios, mientras llegan las soluciones definitivas por parte de la Unión Europea y los organismos internacionales.
Este drama inquieta a Bergoglio desde que asumió, ya que su primer viaje como pontífice lo realizó en julio de 2013 a Lampedusa, tras la muerte de centenares de migrantes al naufragar el barco en el que hacían la penosa travesía por el Mediterráneo. Allí se refirió a la "globalización de la indiferencia” ante tragedias como las que se vienen repitiendo por la huida masiva y creciente promovida por traficantes que lucran con la pobreza extrema.
A todo esto los países europeos se reunirán el 14 de este mes en busca de respuestas inmediatas a una situación sin precedente por la presencia de inmigrantes y demandantes de asilo político. Esta convocatoria coincide con una ola de declaraciones de líderes europeos sobre la necesidad de actuar cuanto antes para asegurar que los refugiados políticos sean acogidos, y los inmigrantes indocumentados por motivos económicos sean repatriados a sus países. El fenómeno migratorio fuera y dentro de la UE adquirió proporciones alarmantes, mientras se esperan decisiones de fondo acerca de las políticas de contención de los flujos migratorios y las medidas para prevenir el tráfico ilegal.
Por su parte los ministros de Defensa y de Asuntos Exteriores estudiarán este jueves y viernes el inicio de la segunda fase de la operación militar en el Mediterráneo, para luchar contra las mafias que promueven las travesías con migrantes. Pero el intercambio de información y patrullaje parece insuficiente como prevención y se insta a entrar de lleno en operativos para abordar los barcos de traficantes, registrarlos, hacer incautaciones y desviar en alta mar embarcaciones sospechosas de haber sido utilizadas para el tráfico inhumano.
Pero la UE no quiere asumir sola estos costos y busca apoyo de la ONU y de la solidaridad internacional, mientras ya no saben qué hacer con el caos humanitario. Un ejemplo de la globalización de la indiferencia, señalada por Francisco.
