Las frustraciones sociales ante la administración de justicia con fallos carentes de sentido común, o disociados en letra y espíritu de la ley, reclaman respuestas coherentes, más si se trata de la justicia social. El tema fue observado por el papa Francisco y tuvo durísimas palabras al referirse a un contexto de hipocresías, criticando a los cristianos que siguen la ley y olvidan la justicia y contra los que manejan la pobreza como una estrategia de domesticación.
El Santo Padre primero pidió tierra para los campesinos, casas para las familias y derechos para los trabajadores, durante el Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, en el que participó el presidente de Bolivia, Evo Morales como líder indígena. Francisco recordó que ese encuentro en el Vaticano respondió a un anhelo muy concreto, algo que cualquier padre, cualquier madre desea para sus hijos y que debería estar al alcance de todos, pero que hoy esa meta se ve con tristeza y cada vez más lejos. "Es extraño pero si hablo de esto para algunos resulta que el Papa es comunista”, afirmó el pontífice, pero puntualizó que el amor a los pobres está al centro del Evangelio y tampoco es nada raro, porque son derechos sagrados en la doctrina social de la Iglesia.
Nada de esto responde a una ideología, por el contrario, dijo que Jesús les diría "hipócritas” a los que abordan el escándalo de la pobreza promoviendo estrategias de contención que únicamente tranquilicen y conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos, una clara alusión a los que ven la inclusión social como prebenda política.
Bergoglio en dos ocasiones calificó de "hipócritas” a los cristianos que en nombre de la ley olvidan la justicia y el amor, una actitud que, dijo, Jesús reprobaría porque lleva al egoísmo. "El camino para ser fiel a la ley sin vulnerar la justicia ni el amor es el camino inverso, es decir, el camino del amor a la integridad, del amor al discernimiento y del amor a la ley”, o sea opuesto a la rutina de los abogados. Y trajo a colación a aquellos que en nombre de la ley olvidan la justicia y el amor, como los fariseos que preguntaron a Jesús si estaba permitido curar a los enfermos un sábado!”.
La condena del Papa a los que están tan pegados a la literalidad de la ley que cierran la puerta de la esperanza, ha sido oportuna y esclarecedora ante un mundo donde la burocracia y la demagogia han sepultado a la equidad. La ley marca una senda para alcanzar una justicia, que pretende ser justa, pero cede ante la falibilidad humana.
