El ser humano no está preparado para enfrentar los hechos imprevistos de cierta envergadura, en principio porque es difícil aceptarlos. Está claro que dicha actitud de aceptación se vincula más con la forma de ser de la personas que con el entorno socio-cultural en el que vive y desarrolla sus actividades.
Frente a lo imprevisible
En el momento de hacer esta nota, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estaba a punto de declarar a la Gripe Porcina como Pandemia, el más alto nivel de alerta con el que se comunica una novedad de este tipo al mundo. Las circunstancias del contagio se multiplican y en un buen porcentaje son muy difíciles de evitar, de allí que cada día hay un mayor número de escuelas que interrumpe las clases.
Las grandes catástrofes demuestran, también, que el ser humano no está preparado para los imprevistos. La desaparición en vuelo del avión de Air France con 216 pasajeros -cuya ruta era de Brasil a París- ha herido los sentimientos de miles de personas. Los familiares no tienen resignación. Escuchamos a una mujer joven que el Aeropuerto de París dijo: "perdí a mi hijo, a mis padres y a mí suegro". ¿Cómo se orienta una vida después de semejante imprevisto…? Es un enigma.
Lo innegable es que en la vida actual los peligros aumentan en forma no proporcional a las bondades que una persona espera cosechar en su existencia. Tal vez, todos estemos transitando un arco que va de la seguridad a la inseguridad y lo imprevisto hace que sea casi imposible encontrar un punto de equilibrio.
El hombre no puede construir una barrera para detener estas situaciones porque lo imprevisto no está producido por él. Ni el dinero ni el poder pueden construir barreras contra estas situaciones y ello es un punto para reflexionar.
Tal vez el camino indicado en esta situación sea -para el hombre- cómo triunfar sobre el temor. Y ello es difícil, casi una hazaña. Porque para ello, ¿de dónde partiría?, ¿de la reflexión consciente?. Muy difícil porque el transcurrir de la vida humana se parece mucho a un mapa que marca las zonas de distintas experiencias pero no el origen de las mismas.
Los hechos que se universalizan no siempre son alentadores y sí un muy claro indicio de la unidad que subterráneamente caracteriza a la raza humana. Las crisis financieras ya no son locales, son regionales tal como sucede ahora en Estados Unidos, donde los habitantes han quitado de la lista de enseres necesarios a los microondas y a los aires acondicionados. En tanto, en Europa el cambio de rutinas es importante y de gran desaliento. Aunque son países más organizados que las jóvenes naciones de latinoamericanas, enfrentan problemas de enorme envergadura como la caída del PBI (Producto Bruto Interno) la inflación, la caída de los bancos y de las grandes empresas automotrices.
Existe el salvataje, es cierto, pero también la duda de los depositantes quienes empiezan a desconfiar del manejo que se hizo de sus ahorros. Por ello, hay que recordar que si cada crisis trae cambios, la actual puede derivar en un manejo distinto del dinero.
América latina, últimas previsiones. Después de haber escuchado que en esta región la economía crecería, el martes último, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, dijo en la reunión de San Pedro de Sula -en Honduras donde ese organismo llevaba a cabo su asamblea general anual- que en los próximos dos años más de 12 millones de personas podrían caer en la pobreza.
Por supuesto que responsabilizó a la crisis mundial y que confesó que su moderado optimismo hecho público hace un año ya no existe y que "nos preocupan los efectos sociales y políticos de esta crisis".
Señaló que la región enfrentará una caída de la inversión extranjera directa (IED), luego que en 2008 superó 128.000 millones de dólares, más del 13% respecto a 2007, según cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
Cuando se lee todo el discurso de Insulza, se advierte que en al OEA hay una preocupación central y es que la expansión de la crisis ocasione enfrentamientos entre distintos sectores sociales, con lo cual han hecho previsible un tema en el que no habíamos ni pensado.
Se vive con la imprevisibilidad en el frente cotidiano. Y es el sentido de esperanza que acompaña al hombre durante toda su vida el que evita mayores desconciertos y amarguras. La frustración no soluciona nada y es mejor trascenderla. La esperanza -más que cualquier otra actitud- es el vínculo entre la intención y la forma de actuar para alcanzar una meta.
¿Se puede estar esperanzado ante una situación incierta o imprevista?. Se puede siempre que no se caiga en la autoconmiseración o en la indiferencia por el futuro. Por ello, frente a hechos que están tocando la vida de seres de distintos continentes y países el mejor camino es el de la esperanza.