A medir por los acontecimientos y "a ojo de güen cubero", el denominado 8-N ha despertado una expectativa tal, que por sus características y por la percepción del buen olfato se transformará, sin duda, en la manifestación más grande de la historia del país después de Ezeiza, aunque en este caso, la motivación girará en torno a la oposición al kirchnerismo en el poder, fundamentalmente encarnado por la figura de Cristina Fernández, receptora de todos los telegramas con distintos tonos y colores.
Se trata de una organización programática con una muestra eficiente de la inteligencia humana. Creer que lo realizado en septiembre fue espontáneo sería caer en la ingenuidad, aunque mucha gente concurrió inducida por las campanas y su deseo natural de expresarse. Hay voluntades que accionan las redes sociales y el indicativo fue el horario coincidente dispuesto por un grupo ordenador y pensante. Exactamente, así ocurrió. Detrás de las cacerolas están los administradores de páginas de Internet. Ellos fueron los organizadores de las protestas del 13 de septiembre y conforme lo expresan reniegan de los políticos, sin embargo, tienen vínculos con opositores. Hoy agitan el movimiento del 8 de noviembre. Al decir de Paz Rodríguez Niell, periodista de La Nación, el cacerolazo del 13 de setiembre "fue el mayor éxito de los ciberactivistas". Desde el cómodo cuarto piso de un departamento del centro porteño, siete personas llevaban dos horas debatiendo si era mejor el 8 o el 15. Terminada la discusión, la página "Yo no voté a la Kretina ¿y Usted?" lo había resuelto. Anunció unilateralmente la fecha del próximo cacerolazo, y en la medida que echó a andar se convirtió en 8-N. Hubo siete enojos porque el acuerdo era que lo decidirían entre todos. Ahora sólo quedaba acompañar.
Entusiasmados por el éxito del 13-S, este grupo de ciberactivistas trabajan desde sus casas, sus trabajos y sus teléfonos celulares para volver a reunir adeptos para noviembre. Cuenta Paz Rodríguez Niell, que "aquella noche definieron la consigna: "Basta" y lanzaron los primeros volantes a la web, obra de un diseñador cuyo nombre jamás fue revelado. Aunque evitan identificarse como "organizadores" dijo-, lo cierto es que detrás de los cacerolazos existe una organización. Gente que se conoce, que se reúne periódicamente, que está siempre en contacto y que ya tiene sus propias disputas y celos. Algunos hablan abiertamente, pero la mayoría sólo acepta comunicarse desde el teclado. "Sí" o "no" a la exposición pública es uno de los motivos de pelea.
Se fijaron consignas que se juraron respetar a rajatabla; la primera, que las protestas deben ser apartidarias. Eso incluye que ningún partido va a capitalizar -en lo que de ellos dependa- las movilizaciones ni decidir qué harán, pese a que varios administradores admiten haberse reunido con opositores como Elisa Carrió y Patricia Bullrich. Las páginas y grupos vinculadas a los cacerolazos son cerca de 45 y su contenido llega a decenas de miles de personas. Los administradores de los más representativos repiten que no tienen líderes y que son difusores de un movimiento que los excede.
Hay mucho más que saldrá a luz el 8-N. Tiene el valor que otorga la democracia y el acto arrojará los primeros nombres y apellidos. La espontánea juntada se realizará en la medida de la organización. Es la lógica de la política.
