
Las epidemias en la historia de la humanidad han sido y lamentablemente serán, una constante. En la Europa medieval acaeció la terrible peste negra, producida por las ratas y pulgas. Este flagelo hizo estragos en la población europea. Escritores del Humanismo, como Bocaccio, con su "Decamerón”, llevaron a la literatura impresionantes testimonios de esta peste. Este autor narró en forma de cuentos, sucesos sobre la temible peste bubónica. Otra catástrofe biológica – entre tantas -, fue la viruela, trasmitida por los españoles a los aborígenes. Esta plaga produjo estragos en los nativos, arrasando hasta un tercio de los pueblos originarios. Refiriéndonos a las epidemias que azotaron a nuestro país, la de fiebre amarilla tuvo una virulencia tremenda. Fue a comienzos de 1871, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, cuando se produjo el primer caso fatal en la ciudad de Buenos Aires. De ahí en más los casos y las muertes se multiplicaron geométricamente. Los historiadores hablan de hasta 500 muertes diarias. La epidemia se originó por varios motivos, pero fundamentalmente por la falta de higiene y las aguas contaminadas o servidas del riachuelo. Fallecen destacadas figuras, como el pintor Franklin Rawson y el prestigioso médico Adolfo Argerich. A la par, la población sanjuanina sufrió este tipo de embates desde tempranas épocas, enfermedades que causaron pánico y caos, además de las consecuentes víctimas. Invariablemente, como lo expresan valiosos estudios locales, hubo figuras que descollaron por su decidido protagonismo y altruismo, como médicos, enfermeras y las instituciones habidas o creadas, que lograron mitigar o superar los efectos de estas cíclicas calamidades. Entre las numerosas enfermedades contagiosas registradas, el Dr. Horacio Videla hace referencia a un morbo de viruela e hidrofobia, que sucedió durante la gobernación de Nazario Benavídez, la cual tuvo una importante expansión. Inmediatamente el gobernador citó a todos los médicos que vivían en San Juan para hacer frente a la epidemia, destacándose el profesionalismo del Dr. Amán Rawson. Otra tragedia de esta índole, que tuvieron que sufrir los sanjuaninos fue el cólera. La epidemia se inició al comenzar el año 1887 y se propagó por todo el territorio. Parece ser que el contagio provino desde la vecina provincia de Mendoza. De este hecho han quedado varios testimonios, incluso de la tradición oral, apuntando que la gente permanecía encerrada en sus casas, con el fin de evitar que el invisible mal penetre o que en las noches era común ver pasar a los carros llevando un lúgubre cargamento: los fallecidos rumbo al cementerio de los coléricos. Igualmente, en el periodo que va desde 1890 hasta principios del entrante siglo, los sanjuaninos sobrellevaron nuevas arremetidas endémicas como la fiebre tifoidea y la difteria. En general se apunta, que algunos de los factores que las desencadenaron, estuvieron ligados a la falta de higiene en la ciudad, carencia de medicinas apropiadas por su alto costo, los errados hábitos o modos de vida, y la tremenda crisis económica que sufrió el país en 1890, que derivó en la carencia de un presupuesto económico conforme a la situación. Sin embargo, el temple indomable y montañés del sanjuanino, logró prevalecer sobre tanta calamidad saliendo siempre adelante.
Por. Edmundo Jorge Delgado
Profesor – Magister en Historia
