El tema de la violencia está instalado en la sociedad, de tal modo que hace temer una habituación por la repetición de tantos hechos, conocidos por la facilidad actual en la comunicación. En algunos casos tienen características que parecen indicar falta de sensibilidad en el agresor, si es que no también en algún espectador, ante el dolor ajeno. Internet, que en algunos casos sirve para borrar distancias, en otros sirve para acosar a compañeros de colegio, en lo que se llama ciberacoso.
Se llega a la situación en la que el agredido teme ir a la escuela, se siente nervioso, triste, aislado; el agresor tiene falta de empatía, es decir no percibe lo que siente el otro, o no participa afectivamente en lo que le pasa; en lo que parece una pérdida de la capacidad humana de ver en el otro a un igual. El deterioro de la condición humana, también en el agresor que llega a envilecerse no importándole el dolor humano, preocupa aun en este tiempo lleno de novedades.
Con el nombre "bullying” se conoce el hostigamiento o violencia escolar a alguien que se supone está en inferioridad física y psicológica, real o percibida así por la víctima, es posible que no intente defenderse comunicando esa situación al maestro o a la autoridad. Se refugia en el aislamiento, hay posibilidad de tener depresión, disminuir su rendimiento escolar, tal vez ya no quiera destacarse, posible motivo de agresión; o una niña llegaría a querer descuidar su aspecto físico para no despertar envidia, puede ser subconsciente.
Se llegaría a una situación prolongada porque la autoridad no quiera o no pueda resolver el tema, pero también es un obstáculo la demora en advertir la situación por el aislamiento del alumno agredido, y porque a veces no se ha llegado a la agresión física o a acciones que delaten lo que ocurre. La amenaza es parte del hostigamiento, eso puede hacerse por internet o celular, lo que hace más grave la situación por la demora en detectase.
Ante esa situación se ha pensado en atender a la comunicación del alumno con su familia, así el tema se podría conocer antes que llegue a una dimensión más difícil de controlar. La comunicación a tiempo permitiría aplicar medidas preventivas como la mediación, que se está utilizando en el ámbito escolar, también el comentario en el curso que podría llegar a identificar el problema y lograr un acuerdo para la solución.
El docente tiene entrenamiento en el diálogo, pero si la comunicación del alumno con su familia y amigos no es buena, puede tener dificultad para la comunicación con el adulto. Una tarea importante para lograr esa comunicación es lograr la confianza del alumno en el diálogo con maestros y directivos. El maestro en su comunicación con el alumno puede ayudarlo a descubrir sus posibilidades y a desarrollarlas, entre ellas la de superar la indiferencia ante el dolor ajeno, también hacerle ver que su carácter violento lo perjudica a él, no solo a quien sufre su agresión.
Para que la comunicación sea confiable debe estar basada en la verdad, el maestro debe tener un mensaje creíble, conocerse a sí mismo, y trasmitir ideales nobles. La comunicación creíble es favorable para la detección temprana de la violencia escolar y para buscar instancias de solución.
Cuando un alumno, agresor o agredido, no acepta ayuda encerrado en sí mismo, es posible pensar situaciones que favorezcan el diálogo y permitan al maestro descubrir una posibilidad de ayuda, un momento en que la persona necesitada exprese aunque sea mínimamente, un gesto de aceptación de una guía sincera. En esa apertura una palabra oportuna ayuda a descubrir que vive encerrado en criterios limitados, y que hay alguien a quien su problema le importa.
(*) Profesor de Antropología Filosófica en UNSJ.
