"La marcha del 18A fue dirigida a la oposición, más que al oficialismo", dijo Maximiliano Aguiar, de la consultora ACIERTO ayer en Radio Sarmiento. El profesional respondía acerca de a quién le tocó la peor parte, si al oficialismo o a la oposición, por la multitudinaria manifestación del jueves 18 de abril en casi todo el país. Es real, desde un aspecto al menos, que si esas personas hubiesen encontrado a alguien con suficiente peso político, descargaban en ese personaje los reclamos que le hacen al Gobierno y, como esa figura no existe, salieron a la calle disparando a mansalva: igual para oficialismo, como para la oposición. ¿Hará algo el Gobierno para tratar de contener a esas personas? Es difícil saberlo, porque esas personas ya salieron a la calle el año pasado y no hubo ni siquiera intentos de contención, al menos de los visibles. ¿Hará algo la oposición para tratar de contener esos gritos? A juzgar por la conducta de los líderes de la oposición luego de las últimas manifestaciones, no se les ve habilidad alguna para acarrear esas intenciones hacia su molino. Bajo estas condiciones, la masa se vuelve peligrosa; tanto para oficialistas como para opositores. El problema es que el globo se sigue inflando y vaya a saber en qué terminará, ya que nadie parece querer ocuparse del tema.
Oficialismo
Como en manifestaciones anteriores, los cerebros de la "máquina K" usaron ahora la descalificación como estrategia para justificar la arremetida popular: mostrar que son sólo señoras de Recoleta las que salieron a reclamar es, al menos, inexacto y caprichoso. No son sólo mujeres y hombres bien, católicos e hipócritas los que buscaron la tapa de una olla de marca renombrada para salir a pedir, entre otras cosas, seguridad y que se ocupen de la inflación. Paradójicamente, esos problemas atacan a todos, incluso a los que no tienen ni una olla abollada para hacer sonar sus pedidos de soluciones. No se ve, al menos públicamente, que haya intención en el Gobierno de explicarle a esa "pobre" mujer de Recoleta que no "se gobierna solamente para los pobres", como reclamaban muchas de las personas que salieron a la calle. Ideológicamente y electoralmente, parece, al Gobierno nacional le conviene la suma: le sigue dando buenos resultados electorales pelearse con la señora de Recoleta porque eso le da los votos del resto. Mientras esa suma resulte como viene dando hace 10 años, la olla puede seguir indefinidamente en la calle que al oficialismo no le interesará demasiado. Pero ojo, que la cosa va creciendo, el contexto internacional no ayuda y hay cuestiones que no se pueden manejar. Hay dos claros ejemplos de que la Argentina no es una isla: a la internacional Vale no le va bien en el mundo y clavó una inversión de 6 mil millones de pesos. A Barrick le frenaron las obras de Pascua en Chile y seguro habrá un atraso en el inicio de explotación de la inversión privada más importante del país hoy. Es decir, por ahora las variables están bien, pero si el contexto mundial sigue empeorando, es posible que las condiciones en este país se compliquen. Y es una variable que el gobierno de Cristina no puede manipular, por más que intenten explicar lo contrario y se alegren de que al mundo le vaya mal. Son acciones que pueden complicar la subsidiada vida argentina y, en definitiva, empujar a más personas a la calle.
Oposición
Qué decir, que no se haya dicho ya: no son capaces de captar los votos que no van al oficialismo. ¿Porqué? Mala imagen, inconsistencia, falta de perseverancia, son múltiples los factores que pueden influir y se debería analizar caso por caso. Por ejemplo, ante los proyectos para "Democratizar la Justicia" -según la propaganda oficial-, Elisa Carrió, que debió apartarse de las elecciones anteriores para no "anclar" a sus candidatos, llamó ayer a "impedir" la votación del miércoles que viene. Peligroso, torpe y falto de lectura. Creyó, seguramente, que los miles que fueron el jueves a patear bronca a la calle irán también a revelarse contra el Congreso. Otra vez un mensaje negativo. No hay, se ve, nadie que ofrezca un discurso que haga suponer una salida. Existen solo críticas a lo que otros hacen, sin ofertas que resaltar ni maniobras que rescatar. La gente, o algunos que se hacen oír, para ser más precisos, tienen miedo de lo que pueda venir porque comunicacionalmente es un abismo, nadie conoce con exactitud el país al que quiere llevar la Argentina Elisa Carrió, Mauricio Macri o cualquier otro que se coloque en ese lugar. Más votos tiene el bonaerense Daniel Scioli que cualquiera que esté en la oposición. Y Scioli, hay que aclarar, no es Cristinista, pero tampoco es opositor. La orfandad en términos políticos es el fracaso de quienes mandan en las estructuras políticas, y eso es lo que está ocurriendo hoy en buena parte de la Argentina.
