Las expresiones hechas públicas por el Patriarca de Siria, Ignacio José III Younan, en el Sínodo de la Familia que se está realizando en la Ciudad del Vaticano, en Roma, y que hacen referencia a que las familias de aquel país de Oriente Medio "huyen del infierno", demuestra la difícil situación por la que atraviesa esa región. En este sentido se dice que lo dicho por el religioso plantea un problema que afecta en forma directa a miles de familias cristianas, como es el de las persecuciones que obliga a las más increíbles prácticas con el sólo objeto de salir del infierno en que se han convertido Irak y Siria.
En relación a esta realidad, hace unos días se conoció un hecho que conmocionó a la opinión pública de Europa y que se hizo público a través de las redes sociales. Se trata de un dibujo de un niño sirio, en el que retrata dos mundo contrapuestos: en un lado, bajo la bandera siria, edificios destrozados a consecuencia de las explosiones de las bombas y personas muertas con cuerpos decapitados o extremidades mutiladas. En el otro, bajo la bandera alemana, la esperanzadora Alemania, con una gran casa y un largo camino de acceso y personas con maletas que lo recorren.
El dibujo lo hizo uno de los tantos niños, hijos de refugiados que han emigrado de Siria con destino a diferentes países del continente europeo, entre ellos Alemania, una de las metas más anheladas por los miles de personas que buscan refugio.
Para muchos impresiona cómo el niño ve los dos mundos y esto ha generado que los agentes encargados de registrar a los refugiados que llegan, más allá del cansancio que genera esa labor, la encaren con una óptica distinta al considerar la tragedia por la que esa gente está pasando.
