Es cierto que las consecuencias habrían sido mucho peores si no se hubiese llegado al acuerdo -ni siquiera a un mal acuerdo, como el alcanzado- y el país hubiese perdido su grado AAA de las agencias calificadoras. Sin embargo, el acuerdo de la deuda, un programa de reducción del déficit presupuestario de al menos U$S 2,1 billones durante los próximos 10 años y recortes adicionales del gasto, sugeridos por una comisión legislativa de 12 expertos que deberá expedirse antes del 23 de noviembre, muy probablemente retrase aún más la ya tímida recuperación económica de EEUU, y afecte en mayor o menor medida a todos los países latinoamericanos.

Osvaldo Kacef, de la Comisión Económica para América latina y el Caribe de Naciones Unidas (Cepal), me dijo que este acuerdo afectará a América latina en el corto plazo, porque por una desaceleración del crecimiento norteamericano que conllevará a una reducción de las importaciones y una disminución del flujo turístico hacia la región. "El impacto inmediato será en países que tienen un comercio más intenso con EEUU, como México y Centroamérica”, dijo Kacef.

Para los exportadores de materias primas de América del Sur, incluyendo los países petro-dependientes como Venezuela o Ecuador, los exportadores de minerales como Chile y Perú, y los exportadores agrícolas como Brasil y Argentina, el impacto será indirecto.

Eduardo Borensztein, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), me señaló que "las economías latinoamericanas crecerán a tasas más lentas, pero no será nada catastrófico. El impacto será desigual: México y América Central serán más vulnerables que Sudamérica”. Entre los economistas más optimistas está Alberto Bernal, de Bulltick Capital. "Si el crecimiento estadounidense se reduce del 2,5% al 1,7% anual, como se espera, tendrá un impacto mínimo sobre el crecimiento económico latinoamericano, con excepción de México”.

Antes del acuerdo de esta semana, la mayoría de los economistas proyectaban un crecimiento económico promedio de 4,5% para América latina este año, y del 7% en Argentina y Uruguay, un 6,7% en Chile y Perú; 6% en Colombia; 4,5% en Brasil y México, y 1% Venezuela. Al momento de escribir esta columna, las calificadoras internacionales no habían corregido estas proyecciones.

Mi opinión: Soy razonablemente optimista con las perspectivas de Estados Unidos a mediano plazo. A diferencia de Europa, aquí existe cierto consenso social de que hay que ajustarse el cinturón. Mientras en Europa la gente sale a la calle a protestar contra los ajustes, en EEUU los que más gritan son quienes quieren recortes aún mayores. Y a diferencia de lo que ocurre en China, existe una relativa transparencia que permitirá que el dólar siga siendo la moneda mundial para un futuro previsible. Espero que los economistas tengan razón al afirmar que existen un 70% de probabilidades de que EEUU sufrirá una desaceleración, y no una recesión.

Pero en el corto plazo, me temo que el acuerdo al que se llegó, sumado al caos financiero de Europa, cortará las alas de la recuperación económica norteamericana. Por la insistencia de los fundamentalistas del "tea party”, el acuerdo alcanzado contempla demasiados recortes y rápidos, en lugar de repartir el costo del ajuste a largo plazo.