Los tiempos actuales de este tercer milenio proponen un desafío al educador y al funcionario del gobierno educativo, desafío tal que define el punto crucial de toda la educación de un pueblo desde el sistema educativo formal hacia toda la comunidad educativa por la enseñanza pública y desde la educación popular hacia toda la comunidad vecinal en el parasistema. Ambas perspectivas se inscriben para una política educativa de nuestro tiempo y como lo fue en tiempos de Sarmiento uno y otro sistema, la enseñanza elemental y media, que promociona para estudios superiores, como sistema formal y la alfabetización de los pueblos como sistema no formal parasistemático que forma al pueblo como "actores de la enseñanza” en el marco de una Pedagogía Social, son los antecedentes inmediatos que han sido la base para construir nuestro presente educativo. Cada uno de ellos aportó desde lo inmediato la solución oportuna a los fines de la política educativa trazada por el Maestro de América en los planes y programas educativos para la Argentina del Siglo XIX. Evidentemente el fin de la educación de aquel tiempo fue educar al soberano. Hoy nuestra realidad reclama "Actualizar a Sarmiento” es decir saberlo como fundamento de una propuesta pedagógica que traduzca los fines de la educación de nuestro tiempo, basada en la calidad de la enseñanza respaldada por la figura indiscutible del profesional de la educación.
Fue el mismo Sarmiento quien comprendió y llevó a la práctica de campo esta indiscutida realidad educacional para construir una política educativa eficiente y eficaz para el desarrollo de nuestro pueblo. Es así como consagró en el principio de la enseñanza la formación de quienes estaban preparados en tan noble destino, el del saber y el de la patria. Fue entonces como incorporó a las maestras formadas en EEUU y que fueran nuestro antecedente inmediato para las maestras normales que hoy ya no tienen promoción.
Sin embargo para contrasentido de nuestro desarrollo educativo, con la implementación de la Ley Federal de Educación, se eliminan los bachilleres pedagógicos o bachilleres con orientación docente (BOD) de nuestras escuelas secundarias, ocasionándose un grave perjuicio a las vocaciones y formaciones de jóvenes futuros profesores. Para nuestra expectativa, con la derogación de la Ley citada y la implementación de la nueva Ley Nacional de Educación 26.206 y vuelta atrás, en los colegios secundarios la orientación, en decenas de escuelas de nuestra provincia, ya debería haberse implementado y con ella, todas las materias o asignaturas que se eliminaron.
Si recordamos a Sarmiento que promocionó la formación y profesión del maestro hoy, lo menos que cabría sería un "impacto sarmientino”; promover la formación docente y volver a implementar el campo laboral cercenado a la Pedagogía o Ciencia de la Educación recuperando la orientación docente en los colegios.
Otra deuda pendiente en este Bicentenario para nuestra calidad de la educación es el llamado a concursos para llegar a las cátedras, por méritos y antecedentes, tal como nuestra Constitución Provincial y Ley de Educación de San Juan lo prevé y que el Ministerio de Educación trazó como objetivo que aún no se llevó a la práctica. Sin embargo se está a tiempo. Es importante lograr la efectividad laboral o estabilidad docente titularizando en los cargos. Pero recordemos que miles de profesores todavía no pueden concursar y sepamos también que hoy en todas las ofertas educativas promovidas por el Estado Provincial y los Profesorados Universitarios se les sugiere a nuestros jóvenes la vocación por enseñar. La respuesta la tienen los ministerios de Educación provincial y nacional.
