El optimista objetivo de eliminar la pobreza mundial en quince años, es una de las grandes frustraciones de las Naciones Unidas tras la Cumbre del Milenio 2000, donde se trazó una estrategia que debía exhibirse como conquista global hacia 2015.
Las crisis económicas y las devastadoras catástrofes naturales, derivadas del cambio climático, fueron determinantes para un deterioro social en las naciones emergentes, del que son víctimas particularmente los niños, según advirtió el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) al reiterar el llamado a los gobiernos y a la sociedad a tomar medidas para proteger a los niños y sus comunidades empobrecidas.
Son más de 200 millones de personas afectadas cada año por inundaciones, sequías y fuertes temporales en países en vías de desarrollo, donde los afectados son niños que mueren, resultan heridos y sufren enfermedades como consecuencia de la malnutrición, el agua contaminada y las malas condiciones higiénicas. Cerca del 70% de todas estas catástrofes tiene relación directa con fenómenos climáticos, cuando a principios del milenio era de un 50%, dice Unicef. La amenaza seguirá creciendo y se prevé para los próximos años cerca de 175 millones de niños afectados por fenómenos naturales frente a los 66 millones de finales del siglo pasado.
Ante este cuadro, la comunidad internacional debe asistir a los desvalidos con programas de ayuda que demandan menos gastos que la reparación de los daños generados por las catástrofes naturales salvando a las nuevas generaciones. Para atenuar estos efectos, la Unicef necesita este año 1.400 millones de dólares, una cifra factible en términos financieros mundiales.
