La caótica paralización del yacimiento petrolífero de Cerro Dragón, en la provincia de Chubut, escapa a toda la racionalidad que debe existir en un planteo laboral, para que las partes lleguen a un entendimiento sobre las normas que regulan la actividad sindical. Por el contrario, las instalaciones donde se produce el 15% de la producción hidrocarburífera del país, y por ende la más importante, fueron copadas por el grupo autodenominado "Los dragones”, un sector escindido de la conducción de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), que pretende salarios idénticos al de los petroleros, aunque sus tareas sean temporales y ajenas a la actividad específica del yacimiento. Es más, en la zona se lo conoce como un grupo de choque de campañas políticas, involucrado en el proselitismo del actual gobernador Buzzi cuando se mostraba como peronista disidente pero tras el triunfo se volcó de lleno al kirchnerismo.

Esta asociación ilícita, porque carece de personería gremial, viene protagonizando acciones vandálicas, como la destrucción de una veintena de camionetas y otros vehículos y destrozos y saqueos en la planta y pozos, cuya paralización ocasiona pérdidas diarias de 11 millones de pesos. Pero los daños son mayores por el corte de la ruta 26 y la interrupción del abastecimiento de fluido a los gasoductos troncal y cordillerano, además de generar otros conflictos, como la actitud de una jueza que debía actuar y se declaró incompetente luego que el Gobierno nacional dispusiera retirar a la Gendarmería para evitar criminalizar la protesta. Tampoco las vías administrativas pudieron persuadir a "Los dragones" a acatar la conciliación obligatoria, que es irregular, porque se trata de una simple mutual con activistas encapuchados exhibiendo armas de fuego.

Todo esto es un cúmulo de desaciertos que incluyen a la concesionaria del yacimiento, Pan American Energy, al intentar eludir sus responsabilidades y aceptar negociar con un sector que no está reconocido por las autoridades laborales. Pero lo de "Los dragones" es un claro ejemplo de la evolución de la protesta social impune, violenta y despiadada porque atropella derechos y garantías como todas las acciones del piqueterismo que altera la paz y la convivencia de los argentinos. No es redundancia volver a condenar estas acciones salvajes, porque son parte del quehacer diario en un país donde se cambiaron las reglas de juego del reclamo civilizado por la violencia que infunde temor para obtener prebendas caprichosas.