La ciudad de Panamá será sede, a partir de mañana de la VII Cumbre de las Américas, un encuentro de los jefes de Estado del continente que se realiza cada tres o cuatro años para considerar temas de interés común. Pero las mayores expectativas se centran en la presencia de Cuba, que por primera vez concurre a estos encuentros y ahora escenario del acercamiento trascendente de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, de Estados Unidos tras el deshielo diplomático. También las miradas del mundo observarán la actitud de Venezuela ante EEUU, por una tensa relación exacerbada tras la reciente decisión de Washington de declarar al régimen de Nicolás Maduro como una "amenaza” para la seguridad estadounidense. Todo esto condimenta una cita que si bien no prevé reuniones bilaterales, la situación política lleva a particularizar estas situaciones.

La Cumbre panameña tiene el lema "Prosperidad con Equidad: El Desafío de la Cooperación en las Américas”, con los ejes temáticos de la salud, educación, seguridad, migración, medioambiente, energía, gobernabilidad democrática y participación ciudadana. Una serie de foros complementarán los debates de los mandatarios, a partir de hoy, dedicados a la juventud, a la sociedad civil, al mundo empresarial y a los rectores de universidades americanas.

La Cumbre también implica una colosal logística, porque requiere un gigantesco operativo de seguridad tanto de Panamá como de los países visitantes, en particular de EEUU, que ha desplegado un enorme dispositivo para garantizar la integridad del presidente Obama. Por ejemplo, con el automóvil más seguro del mundo, una limusina impenetrable, llamada "la Bestia”, capaz de resistir ataques de misiles y armas químicas.