La última Cumbre del Mercosur, realizada la semana pasada en Paraguay, ha confirmado que el Mercado Común regional afronta una de sus más profundas crisis desde su constitución, en 1991, potenciada ahora por el colapso económica mundial.
Fue la cumbre de las ausencias relevantes, como la del ministro de Economía de Brasil, Guido Mantega, y del presidente del Banco Central argentino, Martín Redrado, entre otros. Además, las principales cuestiones previstas discutir y consensuar ni siquiera fueron incorporadas al temario por la falta de acuerdo previo.
El encuentro sólo dio lugar a declaraciones políticas conjuntas, como la posición del grupo frente al golpe de Estado en Honduras y la ante la pandemia de influenza A H1N1. El repudio de los jefes de Estado a la destitución de José Manuel Zelaya ha reafirmado que el Mercosur no reconocerá a ningún gobierno que surja de una ruptura constitucional. Y en materia sanitaria, acordaron buscar mecanismos para que todos los laboratorios puedan producir antivirales y vacunas contra el virus, aunque no cuenten con patente. No obstante, faltaron los temas de fondo para evaluar la marcha del Mercosur, como el código aduanero y la eliminación del doble cobro del arancel externo común.
El Mercosur sigue sin el poder de un bloque homogéneo y sólido para encarar las negociaciones con el resto del mundo. Las asimetrías se ahondaron y cada país busca proteger su mercado interno con medidas que violan el Tratado de Asunción. Más ahora, con el derrumbe del comercio global y el temor a la invasión de productos más competitivos.
