Decisión por sobre eufemismos, neologismos u opiniones de "clásicos” acostumbrados al análisis desde mullidos sillones, teóricos de la intelectualidad, amalgamados al hombre cuando "’dice mucho” desde su afán comprometido o porque estudió poco y conoció menos aún. Con apariencia unánime, el gobierno español y la inmensa mayoría de medios de comunicación condenan la "nacionalización” de YPF. Rajoy dijo que la "expropiación” de YPF "es una decisión negativa para todos sin justificación alguna, ni razón económica”.
Más allá de tanto ímpetu, llegará un momento, cuando la Europa quejosa tome conocimiento real de la verdadera dimensión del caso Repsol, al deshilacharse la entretejida trama de la concesión de YPF, en ese momento seguramente, sentirán vergüenza ajena. Las regiones con objetivos comunes, conllevan a la solidaridad por principio, pero en ese enlace de reciprocidad los gobiernos suelen cometer el pecado del apresuramiento y equivocan la palabra que les sitúa en zona riesgosa con principios éticos y jurídicos.
Los propios españoles sentirán vergüenza de su afamada multinacional, pésimo ejemplo que daña profundamente a todas las empresas del mundo con valores y objetivos diametralmente opuestos, que se insertan en países y cumplen lo establecido en convenios, pero jamás trasponen límites legales o institucionales del Estado donde posan sus pies. Millones de empresas se asientan en distintos países sin perturbar jamás el orden interno en ninguno de sus sentidos, funcionando y desarrollándose conforme a la juridicidad y costumbres del anfitrión.
Nunca ha sido fácil ejercer correctamente, con eficacia y eficiencia el control sobre el comportamiento administrativo y financiero de estas empresas, deuda pendiente argentina en lo sucesivo. Ello no significa ni admite el abuso disfrazado en ninguna de sus formas. Es cierto que no se ha ejercido el debido control y esa indolencia e irresponsabilidad requiere una profunda autocrítica de nuestros gobernantes. Ese acto pasivo nuestro no justifica los excesos en los que cayeron los directivos de Repsol.
Ni a España ni a Europa les conviene que les represente una empresa que ha violentado tanto compromiso, que faltó a la ética y que manejó mal una herramienta que en cualquier país del mundo tiene relación e implicancia directa con la soberanía. Según BBC, hay españoles que creen que su reacción es exagerada. "Argentina no es el enemigo” ha dicho Alberto Garzón, diputado de la Izquierda Unida, considera que se debe desmitificar que esta expropiación es un ataque a España, al Estado o a sus propiedades. La mejor manera que tiene el Gobierno de ocultar sus cosas es buscar enemigos fuera, la gente mira hacia otro lado, cuando realmente debería mirar al interior. Dice Garzón que "España lleva meses aplicando políticas europeas ruinosas que hacen que aumente el número de desocupados. El enemigo de España no es Argentina, es el Gobierno alemán. El Banco Central Europeo no está actuando como tal, es cómplice de la banca privada”, añade el catedrático en declaraciones a BBC Mundo.
El conocido catedrático de Sevilla Juan Torres, manifiesta su sorpresa porque las mismas personas que privatizaron la empresa que era pública, ahora tratan de identificar a la multinacional con los intereses de España. Se llega a la conclusión de que Repsol "ni es española por la composición de su capital, ni por la estrategia empresarial que persigue ni, porque beneficie principal o sustancialmente a las familias o empresas españolas. Más bien todo lo contrario”. El sayo no viste a todos igual.
