Desde el pasado jueves a la tarde, la Sede Apostólica se encuentra vacante. Este es un período de tristeza para la Iglesia, porque no tiene el Pastor supremo, su cabeza visible. Tristeza sí, pero está llamada a desalojar el miedo, sabiendo que quien guía a la Iglesia es Cristo, y como afirmaba Benedicto XVI en la última audiencia de los miércoles: "En la barca está el Señor, y él no la dejará hundir”. El apartamento pontificio está cerrado y sellado. El sello de plomo con el cual vienen certificados los documentos pontificios ha sido destruido, y el anillo del Pescador no ha sido roto sino rasgado con una cruz, con el fin de que quede inutilizable. La tradición de destruir el anillo de los Pontífices forma parte de un antiguo rito para evitar falsificaciones, ya que ese anillo era usado como sello en los documentos papales. No obstante, el de Benedicto XVI, que conserva las características iconográficas de la tradición del Pescador con la figura de Pedro en la barca, no ha sido usado como sello sino como muestra de los aspectos simbólicos del pontificado de este Papa. Ahora se conservará en la colección de la Oficina de las Ceremonias Pontificias. El Cardenal Secretario de Estado, los llamados "Prefectos” de Congregaciones o "Presidentes” de Pontificios Consejos, al igual que los miembros de los mismos, han cesado en sus funciones. Sólo permanecen en sus cargos el Camarlengo, que es el cardenal Tarcisio Bertone, el Penitenciario Mayor, el Decano y el Vicedecano del Colegio de Cardenales. Igualmente siguen en sus oficios el cardenal Vicario General de la diócesis de Roma, el cardenal Arcipreste de la Basílica Vaticana, el Vicario General para la Ciudad del Vaticano, el Sustituto de la Secretaría de Estado, el Secretario de la sección para la relación con los Estados, el Maestro de Ceremonias y los 189 Nuncios o embajadores de la Santa Sede dispersos en el mundo.
¿A qué son invitados los católicos en este período de Sede vacante? A rezar. Lo especifica el art. 84 de la Constitución apostólica "Universi Dominici Gregis”, promulgada por Juan Pablo II en 1996. Durante este tiempo, y muy especialmente mientras se desarrolla la elección del Sucesor de Pedro, la Iglesia pide a Dios un nuevo Papa como un don de su bondad y providencia. De esta manera, la elección del nuevo Pontífice no será un hecho desligado del Pueblo de Dios que atañe sólo al Colegio de los electores, sino que, en cierto sentido, será una acción de toda la Iglesia. Desde el viernes pasado, el gobierno de ésta ha quedado confiado al Colegio de Cardenales solamente para el despacho de asuntos ordinarios o de los inaplazables, y para la preparación de todo lo necesario para la elección del nuevo Pontífice. La primera reunión de cardenales preparatoria de cara al cónclave se celebrará el lunes 4 de marzo. El viernes pasado, el cardenal Decano, Angelo Sodano, comenzó a llamar a los cardenales para preparar el cónclave y participar en las congregaciones preparatorias. A partir de la celebración de la primera congregación de cardenales, ya se podrá anunciar la fecha del cónclave.
Mientras tanto, el ahora Papa emérito permanecerá dos meses en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, un edificio mandado a construir en 1626 por el Papa Urbano VIII. Desde entonces la Iglesia Católica ha tenido 31 papas, de los que sólo 15 pisaron el palacio y se alojaron en él. Entre enero y junio de 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, unas 10.000 personas, entre ellos muchos hebreos, se refugiaron en la residencia veraniega donde no les faltó la comida y el refugio ofrecido por el Papa. En aquellos meses nacieron allí 50 niños, que vinieron al mundo en el que ahora es el actual dormitorio papal. Los jardines ocupan 55 hectáreas de terreno, un territorio más grande que el Vaticano. En las tres villas que conforman el complejo: la residencia papal, la villa Barberini y otra destinada a administración, trabajan 55 personas, muchas de las cuales viven en el recinto con sus familias. Los jardines miden 2 km. de largo, con rincones proyectados por el escultor, arquitecto y pintor italiano destacado en el barroco, Gian Lorenzo Bernini. Hay un punto que deseamos subrayar: la extraordinaria humildad del Papa emérito. Al despedirse de los cardenales, entre los cuales se encontraba el futuro pontífice declaró que, desde ya, le prometía "incondicional reverencia y obediencia”. Esa sencillez y sentido de trascendencia lo manifestó cuando dijo que ya no es más Pontífice sino "simplemente un peregrino que inicia la última etapa de su peregrinación en esta tierra”. Ese desapego lo ha revelado en los pequeños detalles. El jueves pasado a la tarde un camión de mudanzas sacaba sus pertenencias del apartamento pontificio. He aquí la curiosidad: sólo se llevaba su biblioteca personal con dos mil libros, un pesebre que pertenecía a su familia paterna y un reloj Junhans que le dejó su hermana antes de morir. ¿Qué decir? Nada mejor que lo expresado por un feligrés en la Plaza de San Pedro: "Gracias Papa Benedicto. Tu humildad te ha hecho más grande”. En alemán podemos decirle, "Vergelt’s Gott”: "que Dios te recompense” por tantas y tan profundas enseñanzas mostradas en estas dos últimas semanas con la sencillez de los santos.
