Nada más propicio para este Bicentenario que denominar "cabildo" a la convocatoria nacional que estudiantes de todo el país están programando para el próximo 28 de este mes. Esta reunión por Internet que se efectivizará en las escuelas consiste en la deliberada y planificada ausencia de los alumnos a las aulas.
Hace años, la denominada "rata", "rabona" o "chupina", era casi una misión imposible. En todo caso, los jóvenes podían disimular la falta de estudio con un repentino dolor estomacal o cualquier súbita dolencia que se resolvía en el instante mismo en el que el timbre de entrada había sonado largamente. Pero causa estupor la finalidad tan original, no por ello encomiable, de citar por la red de Internet o mensajes de texto para no asistir a clases.
La escuela pública, tan atacada en los últimos tiempos por sectores críticos que ven con preferencia lo privado se debate hoy, en una de sus mayores crisis económica, intelectual y hasta espiritual. Hechos como éstos no contribuyen en nada a mejorar la débil situación; muy por el contrario demuestra el poco interés y el escaso valor que otorga la juventud a los estudios gratuitos sostenidos por el gobierno y los ciudadanos que pagan sus impuestos tratando de ofrecerles un porvenir. Señalaba el filosofo Gabriel Tarde que los grupos humanos tienden a actuar por contagio o imitación y si esta última acción fuese para emular procederes justos, equitativos y saludables sería loable.
En el mundo de hoy, el orbe digital por excelencia se abre con todas sus bondades pero también para otros propósitos que no corresponden a una buena educación.
La cultura obtenida de los libros, de la lectura compresiva, se está perdiendo aunque los textos se adapten a la era visual.
El conocimiento es un valor intangible, no valorarlo es una meta perdida; un objetivo no alcanzado por más que los esfuerzos se adapten a ingresar a este mundo de la comunicación global a través de un preludio de innovación tecnológica como las netbook que van a superar seguramente a la tradicional tiza y pizarrón. No se trata de involucionar, se trata de avanzar con todos los elementos desde la voz, la preparación del docente hasta los más modernos equipos pero siempre a favor del proceso de enseñanza-aprendizaje porque aprender se aprende en todas partes en cada rincón de nuestra tierra tan joven, tan generosa y a veces tan perdida en algunos sueños imposibles.
El libro, el diario son una fuente de apertura hacia saberes legítimos, actuales; aprender a escuchar, a entender, a escribir, a ejercer la actividad lectora con profundidad nunca debe parecernos algo superado sino el más brillante desafío de la palabra creadora que invite a pensar y nos ayude a la acción.
