Si la labor del sacerdocio requería una autocrítica, frente a la realidad social que vive nuestro país, el arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina ha intentado poner las cosas en su lugar, según la estructura y prédica de la Iglesia, de manera que el mensaje dirigido a la feligresía, y a la opinión pública en general, sea esclarecedor y de contención en momentos de confusión y mezquindad generalizadas.

La búsqueda sectorial de poder y las posiciones hegemónicas defendidas sobre la cornisa de la ilegalidad, han creado un clima enrarecido donde la Iglesia -al igual que el periodismo no comprometido-, sigue siendo una fuente confiable de opinión y orientación esperanzadora. En la homilía de la Misa Crismal del jueves último, el cardenal Jorge Bergoglio, reclamó a los sacerdotes dedicación para consolar a los afligidos de nuestro pueblo, en especial a aquellos que están "conmocionados incesantemente por la violencia y la inequidad”, porque considera que los argentinos necesitan ser conducidos "no en la queja ni en la ansiedad sino en la alabanza y la serenidad; no en la crispación sino en la paciencia".

En la que se considera una autocrítica de la misión sacerdotal, el prelado no dejó de lado el contexto nacional. Precisamente hizo una alusión al estilo de conducción de la dirigencia política y al clima electoral que vive el país, dos componentes disociadores que le llevaron a esta reflexión: "Imaginemos un momento lo que significaría para un pueblo, conmocionado incesantemente por la violencia y la inequidad, poder vivir un año tranquilo, un año de celebración y de armonía”, dijo el primado, y alertó también que "el trabajo por el bien se convierte en eficientismo sombrío, como vemos que sucede en la acción de muchos activistas desbordados”. Y a modo de advertencia al clero, manifestó que no basta con que la verdad de la Iglesia sea ortodoxa y la acción pastoral eficaz. "Sin la alegría de la belleza, la verdad se vuelve fría y hasta despiadada y soberbia”, según sus palabras.

El cardenal Jorge Bergoglio ha retomado la concepción del sacerdocio como una acción dirigida a ayudar a los pobres y necesitados ya que a su entender todo el que tiene autoridad, poder y posibilidades debe servir a los demás. Remarcar el valor de la caridad, de la verdad y la consolación como motores de la labor eclasial, ha sido una revalorización propia de uno de los días más emblemáticos de la cristiandad, que ojalá cale hondo en aquellos que han adoptado la misión apostólica como un modelo de vida.