Transcurridas las elecciones parlamentarias, la oposición también debería hacer su autocrítica. No ha tenido la grandeza de unirse tras un programa básico unificado, fácil de alcanzar por los numerosos puntos comunes que reflejan sus posturas de mayor relieve.

En contraste con el oficialismo, la oposición coincide en recuperar o revitalizar las instituciones de la República, pero no puso acento en políticas estratégicas de mediano y largo plazo. Se limitó a la coyuntura, en responder agravios, a competir entre sus propios candidatos y, de esa forma, cayó en la trampa oficialista de aumentar la confusión en ideas, modelos y acciones. No ha expresado los grandes sueños que deben motivar a la ciudadanía. No ha desplegado con suficiente intensidad y lucidez su compromiso con la puesta en marcha de políticas de Estado. Éstas deben contar con el aporte de los más aptos y competentes, los cuales deberían ser convocados sin dilaciones egoístas.

Son políticas que deben ejercerse a lo largo de varias administraciones con el juramento de no ceder ante las dificultades que deban enfrentar, hasta alcanzar un éxito contundente. Se refieren, entre otras, a la educación, la salud, la seguridad y la apertura continua de fuentes de trabajo. Por otra parte, estos comicios dejaron a una oposición que ya no se sentirá impotente ante un Poder Ejecutivo soberbio y hegemónico. No deberá someterse a su arbitrariedad. Pese a las diferencias que esgrimen las diversas denominaciones políticas, los aspectos esenciales de la restauración democrática y republicana son compartidos por casi todos. Incurrirían en una falta grave si no se esfuerzan en devolverle a la patria un claro respeto por la Constitución y la ley.

La ciudadanía acaba de expresarse, pero seguirá con más cuidado el desempeño de los representantes elegidos. El descrédito de la denominada "borocotización", de las candidaturas testimoniales, del clientelismo, de los ataques a la prensa y de las amenazas, ya dejaron de ser indiferentes. Ahora tienen presencia en el foco de la atención pública como patologías a erradicar. Si la oposición cumple con estos deberes morales, e inclusive dialoga con los actuales congresistas para que se sumen al modelo republicano y democrático votado por la ciudadanía, entonces este acto comicial podrá alcanzar el nivel tan anunciado, de ser verdaderamente histórico. Además, nos encontraremos con la oxigenación que clama el pueblo, sin tener que esperar medio año.

No habrá dudas sobre la gobernabilidad y no se seguirá perdiendo el tiempo y las oportunidades.