El cuestionamiento de distintos países a la Argentina por las restricciones a las importaciones hizo reaccionar con dureza al Gobierno nacional, señalando a los denunciantes como causantes de la crisis global.
El canciller Timerman ha catalogando de injusto el reclamo de Estados Unidos, la Unión Europea y otros países, en su mayoría desarrollados, señalando que las importaciones argentinas en 2011 mostraron la mayor tasa de crecimiento entre los socios del G-20. Además, cuestiona el espacio elegido para el planteo como la Organización Mundial de Comercio (OMC). Sin embargo y más allá del origen del documento y de su dimensión, fue un alivio para Argentina que el texto no haya sido firmado por los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), países que representan un gigantesco mercado potencial, por encima de 100.000 millones de habitantes y que hacen a dimensiones estratégicas continentales. En este campo Brasil y Rusia superan los 140 millones de habitantes. Ante este panorama, que no parece incierto, Argentina ha sostenido su posición, "pues no aplica más restricciones que las de países centrales”, dice la respuesta y en ese espacio internacional existe manifiesta voluntad de defenderse.
En febrero, la Unión Europea alertó sobre "trabas” al comercio y después se conoció la suspensión del sistema de preferencia arancelaria por parte de Estados Unidos, una hilación estratégica que no es casual. Son formas conocidas de presión manifiesta con claros objetivos de desactivar controles comerciales en los países periféricos para así transferirles la crisis. En el campo internacional los pasos merecen siempre meditada elaboración porque los intereses económicos definen las decisiones políticas.
