No hay libros que lo expliquen y el relato histórico que se transmite de boca en boca, se pierde en la inmensidad de la memoria. Muchas son las hipótesis, pero no hay un dato exacto de cómo fue que la bicicleta se hizo tan popular entre los sanjuaninos. Este rodado, que en este tiempo es considerado como muy preciado por su valor ecológico al servicio del medio ambiente, como también por el aporte a la salud de la población, es sin duda un elemento que quiere revitalizarse y volver a renacer como el Ave Fénix, al menos en San Juan. Es que la nueva administración municipal ya demarcó unas 30 cuadras como vía exclusiva para el tránsito de las "bicis". Esto, como una forma de fomentar el uso de este medio de transporte. La historia popular rejuntada entre los memoriosos, dice que este rodado es parte del amor y pasión entre los sanjuaninos y su llegada a la provincia se remonta a mediados del siglo XX. No se puede precisar fechas ni años. Sin embargo, se ganó adeptos de forma progresiva y constante. Esto llevó a que con los años llegaran diseños para hombres, mujeres y las más pequeñas para niños. El éxito también se debió a su bajo costo y que presentaba modelos estéticos. Se usaba no sólo como vehículo para esparcimiento, ya sea individual como para salir en grupo, sino también como herramienta de trabajo, tal como en la actualidad se usa la moto, automóvil y otros medios de cuatro o más ruedas.

Con el tiempo y ya en las décadas de 1960, ’70 y ’80, la bicicleta se transformó en un medio de transporte casi insustituible para los trabajadores y no tenía "contraindicaciones" para clases sociales. Era un medio que unificaba a toda la comunidad, tal como lo fue el guardapolvo de color blanco en los colegios. Así las cosas, la bicicleta sirvió para transportar a niños y adolescentes hasta la escuela primaria y secundaria. Miles de universitarios también las usaron para llegar hasta sus facultades. No había discriminación ni nada que se le pareciera por andar en un vehículo tan sencillo, pero a la vez tan noble. Además, los beneficios para la salud eran tan buenos que no tenían contraindicaciones, salvo casos especiales. Pero llegó un día en que la tecnología y el mercado comenzó a introducir un enemigo para las bicicletas. Sí, los ciclomotores. A fines de la década de 1980 y el primer lustro de los ’90, los rodados de 50 centímetros cúbicos le brindaron comodidad, algo más de velocidad y la posibilidad de llegar más lejos sin hacer esfuerzos. Esto fue un golpe muy duro para la tradición ciclística de los sanjuaninos. En esos años ya comenzaron a notarse menos bicis en las calles. El golpe de gracia llegó a principios del nuevo siglo con las motos 110 centímetros cúbicos. Más velocidad, bajo costo de mantenimiento y bajo consumo de combustible. En ese escenario, las bicicletas perdieron el terreno de ser el vehículo más popular en la provincia. Sólo los cultores del Mountain Bike, las tenían y tienen como bastiones del deporte, la salud y aventura.

Ya entrados en la segunda década del siglo XXI, la bicicleta a nivel popular, parece que está a punto de romper el cascarón y convertirse otra vez en la amiga inseparable de los sanjuaninos. Esto se le puede atribuir a varios factores: situaciones como la economía, trabajo, salud y deporte. Por eso se puede ver con buenos ojos la idea de hacer bicisendas en distintos lugares de San Juan, para darle seguridad a un medio que siempre estuvo en el corazón de la comunidad y que se recuperó la memoria de lo bueno que es tener en casa, en la familia, entre amigos, el caballito de acero, que alguna vez se perdió, pero que vuelve en versión siglo XXI.
