‘Ayer fui Señor de España, y hoy no tengo una almena que pueda decir que es mía’, decía el Quijote de la Mancha. Es que hoy vive el hombre varado a la gracia que soporta. No obstante, también el olvido, afirma Plutarco, ‘transforma todo suceso en no-suceso’. Pero cómo cuesta olvidar. Es como el vino que hay que saber tomar despacio, porque si se lo toma demasiado rápido, mal mamada será para una buena partida. Olvidar un suceso es como saber tomar un vino añejo. El ejemplo concreto de Johana Fucks, una maestra de la provincia de Entre Ríos, no deja de llamar la atención. Y, no sólo la atención generalizada de los medios, que pedían un minuto de su presencia para las cámaras regionales y nacionales, luego de la conmovedora carta, pidiendo la vuelta de Messi a la Selección nacional de fútbol. Es que Johana se cansó de pedir a las autoridades regionales, como tantos otros, que no descuidaran a los chicos olvidados, presa fácil de la droga y el alcohol.

Y, varios medios, deberían al fin entender, que no es el mismo rigor, medir al débil con el triunfador. En ocasiones, es buena moral para los exitosos entender y sentir la paz: ‘Ayer fui Rey, hoy no tengo una almena para estar’. La conmovedora carta de la maestra resulta óptima para el pueblo que no quiere ver caer a su ídolo, pero en ocasiones olvida también, lo más importante que es para los ídolos, el sentir la libertad de presión ante el tropezón. El millonario que tuvo todo, en ocasiones, necesita de la caída, de la misma frustración, para poder afirmarse en su existencia. Necesita del peso de sus granos. Afirmarse en su identidad, de sentirse que es un ser humano, y no un Dios. La suerte hace al hombre más hombre. Y, para el ídolo de carne y hueso, ayuda la derrota, para no hacer oídos sordos al hambre de la malicia del hombre. Es que enseña que la derrota bien asumida es peor a una derrota simplemente olvidada.

Oportunamente, el débil sufre siempre su pesar por no poder hacer nada, y cuando quiere hacer, muchas veces siente la frustración burocrática, de no poder hacer. El fuerte, siempre tiene para hacer. Y, las nuevas experiencias, lo fortalecen. En fin, para redondear, muchos deberían entender, que es mejor alentar con cartas a los más débiles, cuando no hay dicha que dure para siempre. No hay nada mejor que verse en apuros. Es que a algunos les sobra la riqueza, a otros más la insolvencia. Las cartas que deberían abundar en la Argentina es la de la invitación urgente a la de ser decente. Deberíamos rogar por justicia estricta a los más fuertes, para que puedan entender la vivencia de muchos pobres, que viven así injustamente en esta bendita argentina: ‘Ayer fui Señor de España, y hoy no tengo una almena donde retobar la cabeza’. Si a un hombre hecho se le da austeridad, empezará a entender, la insensibilidad, a los ajenos dolores. Eventos tan grandes como el crimen organizado, la precarización mundial, la falta de rumbos por ineficiencias políticas, el vaciamiento de ideales, no pueden jamás ser tapados, con la sola vuelta de los héroes. Y, ello, no quiere decir que pedir por la vuelta de los héroes, esté mal. Al contrario, la vuelta de los ídolos, siempre ayudan, sin duda alguna, a ser más humanos.

No obstante, el cuero puede ser flaco, pero el tiento siempre se corta de fijo, y en lo más delgado: ‘La derrota de esta tarde es el triunfo del mañana’. Pero no solo con el triunfo del fútbol, sino también con el ancho triunfo cultural. Echando a perder siempre se aprende. La carne vencida siempre vuelve a la luz en la esencia de andar el camino. Nadie muere de indigestión, si la cosa es clara, en el saber llorar: ‘Ayer fui Señor de España, y hoy no tengo una almena que pueda decir que es mía’, rezaba el Quijote. Y, por ello, tal vez nunca podremos acertar en cuánto tiempo le llevará a la humanidad entender en esta vida, todos los traumas que ha sufrido. Es que si no se acierta es bueno saber sufrir. El alma al sufrimiento es templada. En ese sentido es cuando no podemos entender que un ídolo pueda caer. El homo tecno contradice el ocaso de los ídolos. El universo material necesita de los fuertes para poder vivir en su debilidad espiritual. Si cae el ídolo se nos caen las ilusiones. Y, es por ello, que urgimos de la idolatría futbolera, para terminar de matar, lo poco de la deidad voladora, que queda en nuestra cotidianidad.

Los valientes siempre muestran al mal tiempo buena cara, y el trabajo, es lo que verdaderamente nos encamina. Los guapos nunca se sienten bien ante el más chico. En la vida vamos juntos pobres y ricos, fuertes y débiles, pero por el camino, todos experimentamos las bofetadas, los mismos enfrentamientos, por las siempre pequeñeces de la vida. Aquellas pequeñeces, que con la exacta ciencia, siempre nos dejan la eterna moraleja, que la cancha enseña a doblar bien la frente, para no perder nuestra identidad: ‘Ayer fui Rey, hoy no tengo una almena para estar’.

(*) Periodista, filósofo y escritor.