Desde que existe la democracia como sistema perfectible de gobierno se vienen adecuando las herramientas para hacer más confiable y transparente el pronunciamiento de la ciudadanía. La tecnología, en esta era cibernética, ha puesto en manos de las autoridades electorales el denominado "voto electrónico”, con sus variantes. Una es la impresión de la boleta para depositarla en las urnas de la manera tradicional, tras ser procesada en las computadoras habilitadas, caso de los comicios porteños, o bien hacer todo el proceso online, como se está utilizando en otros países.

Si bien la experiencia capitalina, que se profundizará en la segunda vuelta del próximo domingo, ha demostrado confiabilidad y una rapidez escrutadora admirable, el hecho de que a las máquinas las maneje el hombre plantea interrogantes, ya sea por una probable manipulación de los operadores o una violación perpetrada por hackers. No obstante estos reparos, en general el voto electrónico libera a los partidos políticos de la tarea de verificar si faltan boletas en el cuarto oscuro y de los problemas de fiscalización. Además, para el elector, es "simple e intuitivo” según interpreta la Justicia electoral y, fundamentalmente, agiliza el escrutinio de mesa.

Los críticos del sistema, por su parte, apuntan a las desventajas como la probabilidad de quebrar el secreto del sufragio, abrir la posibilidad de fraude y poner en riesgo la participación ciudadana. Sin embargo, el voto electrónico evita ciertas irregularidades que se plantean en los comicios tradicionales, a veces por desinformación e inexperiencia de los presidentes de mesa y sin poder tener cerca un instructivo para superar las impericias.

En cambio, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se han capacitado unas 13.000 autoridades de mesa y también se puso a disposición del elector una máquina para practicar, junto con la autorización para que acompañe al votante una persona de su confianza, ya que el sistema, basado en una pantalla táctil, no almacena ni transmite información. También el proceso electrónico posibilita eliminar o achicar las colas de votantes, porque cualquier equipo puede ser receptor de datos para emitir la boleta.

La versatilidad de la informática hace más clara una compulsa electoral. Por ejemplo para el balotaje porteño varió la pantalla, aumentado el tamaño de las fotos y nombres de los dos candidatos así como también la opción de voto en blanco haciendo más claras las posibilidades.

La electrónica se introdujo en el cuarto oscuro y parece que dominará el escenario electoral de ahora en más.