El ex presidente egipcio Hosni Mubarak, fue condenado a cadena perpetua en un inédito juicio llevado a cabo por un tribunal civil que lo declaró culpable de la muerte de más de 800 manifestantes durante las protestas callejeras en El Cairo, que llevaron a su destitución en febrero del año pasado, durante la revuelta conocida como la "primavera árabe”. El llamado "juicio del siglo” comenzó el 3 de agosto de 2011, tras el arresto de Mubarak, de 84 años, de sus hijos y otros funcionarios de su gobierno en abril de ese año y ha sido el primer dictador en responder a la Justicia ordinaria de su propio país, en un proceso con cifras sin precedentes: un expediente de 60.000 páginas y 49 sesiones que sumaron 250 horas de testimonios y alegatos, hasta llegar a un veredicto que no fue del todo satisfactorio para la gente que esperaba la pena de muerte.

La trascendencia de esta condena es que se da en momentos en que Egipto retorna a la democracia con la celebración de las primeras elecciones presidenciales libres, cuya segunda vuelta será en dos semanas, después de casi 30 años de una tiranía marcada por la corrupción, el nepotismo y los abusos del poder de Mubarak y su familia. Para las nuevas generaciones de egipcios se trata de cambios y acontecimientos históricos que darán nuevas motivaciones a sus vidas, ya que el régimen absolutista de Mubarak ha sido el único modelo político que conocieron. Para el mundo occidental, este juicio marca la renovación institucional iniciada con la primavera árabe con aires de libertad para la región, aunque con la incertidumbre del rumbo político que tomarán las nuevas autoridades teniendo en cuenta la inestabilidad política que domina a Medio Oriente.