”Después que Judas salió, Jesús dijo: ”Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: amaos los unos a los otros. Así como yo os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros. En esto todos reconocerán que sois mis discípulos: en el amor que os tengáis los unos a los otros” (Jn 13,31-35).
El amor constituye el corazón del mensaje cristiano y la esencia misma de la fe. Precisamente, en él se encuentra la originalidad de la Buena Nueva anunciada por Jesús. No se pertenece a la Iglesia del Resucitado en razón de observancia de leyes, en virtud de méritos personales o herencia familiar. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da nuevo horizonte a la vida, y con ello, una orientación decisiva. Al inaugurar su ministerio petrino, el Papa Francisco nos daba una lección magistral más, enseñándonos que el amor auténtico sabe custodiar. Esto implica preocuparnos por todos, por cada uno, con tierna solicitud, especialmente a los más débiles y a quienes son más frágiles; a quienes están en la periferia o fuera de nuestro corazón. Es el llamado del evangelio de hoy. La Iglesia no evangeliza con planes sino con gestos, de lo contrario estaremos faltando a la verdad. Por más planificación pastoral que se diagrame, si ni siquiera reconocemos que los otros existen y tienen derecho a nuestro amor, viviremos en un ghetto, pero no en la Iglesia fundada y querida por Cristo. ”En esto reconocerán todos que son mis discípulos: en el amor que se tengan unos a otros”. ¡Pensar que el día del juicio final no se nos preguntará cuánto amor recibimos, sino cuánto amor hemos dado! La caridad no busca lo suyo ni va a la búsqueda del propio interés.
El ejemplo supremo viene de Jesús mismo. En contraste con lo que pide la madre de los hijos de Zebedeo, Jesús precisa el estilo y el fin de su misión: ”El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar la vida en rescate por muchos” (Mt 20,28). Erase una vez un arqueólogo que trabajaba en África y fue a la India en peregrinación, en concreto a los Himalayas, para contemplar y estudiar los templos y estructuras antiguas, los cuales son muy difíciles de alcanzar; y en aquellos tiempos mucho más. Mucha gente, simplemente no volvía. Se llegaba a través de pequeños senderos al borde de precipicios de tres mil metros de profundidad, con nieves perpetuas. Tan sólo un pequeño resbalón y todo habría terminado. Ahora las cosas están mejores, pero en el tiempo del que estoy hablando era muy difícil. El hombre iba cansado, aun llevando muy poco equipaje. Delante de él vio a una niña, que no tendría más de diez años, cargando a un niño muy gordito sobre sus hombros. Ella iba transpirando, respirando pesadamente, y cuando el hombre pasó a su lado, le dijo: ”Niña, debes estar muy cansada. Llevas mucho peso sobre ti”. La niña le respondió: ”Tú eres el que lleva peso; esto no es un peso, este es mi hermanito”. Del mismo modo, Dios que es amor, no lleva ”cargas”, sino que nos lleva a nosotros que somos su creación. Nos da el ejemplo para que lo imitemos: los demás no deben ser considerados una carga sino un regalo que Dios me ha dado para que lo ame custodiándolo con un amor que no abandona sino que asume, promueve y dignifica.
El Abbé Pierre, fue un sacerdote francés, nacido en Lyon. A raíz del armisticio franco-alemán de la II Guerra Mundial (1940), se dedicó activamente a proteger a los perseguidos por las autoridades alemanas de ocupación. Fundó en 1949 sus ”Communautés d’Emaüs” (Comunidades de Emaús) con las que alivió la situación de miles de personas sin hogar. En 1954 produjo la denominada ”Insurrección de la bondad” en París y en toda Francia. En un invierno extremadamente frío, el Abbé Pierre pidió al Parlamento un millón de francos, que le fueron negados. Tres semanas más tarde el Parlamento adoptó por unanimidad no uno sino diez millones de francos para realizar inmediatamente 12.000 alojamientos de emergencia en toda Francia para los más necesitados. De él recuerdo una frase que pronunciara durante una conferencia en Roma y a la que tuve el privilegio de asistir: ”La vida es un tiempo dado a la libertad para que aprendamos a amar”.
