En ocasión de la realización del Rally Dakar 2016, cuyo recorrido incluyó a nuestra provincia, la Unesco manifestó su preocupación ante ‘los impactos muy negativos que pueda sufrir todo el potencial maravilloso de los ecosistemas y territorios arqueológicos intactos en Perú, Chile, la Argentina y otros sitios’.
Se considera que la circulación de vehículos de gran potencia y considerable tonelaje provocan un impacto negativo en hábitats naturales de especies amenazadas; en sitios arqueológicos; en lugares históricos y yacimientos paleontológicos.
El Rally Dakar es una prueba de resistencia mecánica y de conducción que desde 2009 comenzó a correrse en Argentina y Chile, agregándose en los últimos años Perú y Bolivia. Se trata de uno de los eventos deportivos más destructivos del patrimonio natural y cultural, algo que sucede con todos los rally que se realizan en el país y nuestra provincia.
La polémica en torno a la realización del Safari Tras las Sierras, en Valle Fértil, que viene siendo cuestionado por el daño que provoca al ambiente, es similar a lo que ocurre cada vez que se organiza alguna competencia de rally o de autos de turismo, por las calles de la zona rural.
Desde las áreas correspondiente del Gobierno de la provincia, se tendría que trabajar en determinar qué competencias deben ser autorizadas por su menor impacto en el medio ambiente. Algunas carreras de motos que se realizan en circuitos preestablecidos y que han sido debidamente estudiados podrían continuar dentro de su programación, no así aquellas pruebas de rally local que terminan destruyendo caminos y representando un peligro para los vecinos.
Ocultar el daño de esta actividad argumentando que promueve el turismo o que ayuda a desarrollar una actividad deportiva que reúne a un importante público y genera valiosos recursos económicos, es no ver que los vehículos de competición, los de apoyo y los de sus seguidores vulneran parques nacionales, dañando áreas arqueológicas y yacimientos fósiles; generan incendios, destrozan suelos frágiles, ahuyentan o atropellan fauna, abren nuevos caminos donde no deberían, y contaminan con su ruido, emanación de gases, pérdidas de combustible y dispersión de basura, todo esto sin que los organizadores prevean resarcimiento alguno.
