Cuando el filósofo griego Sócrates se refería a las cualidades que debía reunir un juez, precisaba que éste debía escuchar cortésmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente. Esas virtudes las ha manifestado de modo relevante el magistrado Carlos Santiago Fayt, abogado y doctor en Jurisprudencia, que asumió como juez de la Corte Suprema el 23 de diciembre de 1983, y cuyo cargo dejará el próximo 11 de diciembre.

Con 97 años de edad, una vasta carrera docente, y con más de 30 libros publicados, Fayt presentó su dimisión con efecto diferido a un día después que Cristina Fernández de Kirchner deje sus funciones, impidiéndole a ella nombrar a su reemplazante y dejar esa atribución en manos de quien sea elegido presidente en los próximos comicios. Después de que asuma el nuevo gobierno, la Corte quedará integrada por tres jueces. La ley, sancionada en 2006, redujo el número de miembros a cinco, por lo tanto el próximo presidente tendrá la posibilidad de cubrir dos vacantes. Tras la renuncia de Raúl Zaffaroni, el 31 de diciembre pasado, la jefa del Estado propuso a Roberto Carlés, de 36 años, como reemplazante. Como la oposición rechazó la posibilidad de debatir el pliego de Carlés en el Senado, el Gobierno redobló su presión contra Fayt para que abandonara su cargo. Se le cuestionó que hubiera firmado en su casa la acordada del 21 de abril por la que Ricardo Lorenzetti fue reelegido como presidente de la Corte hasta 2019, y se abrió en el Congreso una investigación para saber cuál era el estado de salud mental del juez, que resistió con hidalguía esa ofensiva. El punto de máxima tensión llegó cuando el oficialismo impulsó, el 2 de junio, la creación de una subcomisión especial para llevar adelante un estudio sobre el estado de salud mental del magistrado. Aquella se reunió en secreto sólo en dos ocasiones en las que declararon neurólogos sobre la capacidad cognoscitiva de las personas de edad muy avanzada, como el juez Fayt.

Nunca se conocieron las identidades de los profesionales ni el detalle de sus declaraciones. Desde el punto de vista de la Corte, está claro que a partir de 2016 cambiará decididamente su perfil. Pero, lo más importante es quién cubrirá esas vacantes, teniendo en cuenta que la justicia es la reina de las virtudes republicanas y con ella se sostiene la igualdad y la libertad.