Detrás de muchas estadísticas se encierran malas noticias de diverso tenor, pero también aparecen buenos pronósticos. Tal es el caso del último informe del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai), en el cual se señala que nuestro país registró en 2011 un nuevo récord de donación de órganos, con un total de 604 donantes reales que permitieron que 1376 personas recibieran un transplante.

De esta manera, Argentina alcanzó una tasa de 15,1 donantes por millón de habitantes, lo que le posiciona a la vanguardia en la región en materia de donación, dejando atrás la cifra de 14,5 donantes que ostentó en 2010. Los transplantes realizados fueron 901 renales, 321 hepáticos, 101 cardíacos, 25 pulmonares, 9 pancreáticos, 4 intestinales y 15 transplantes combinados. También hubo 931 transplantes de córneas y 68 de células progenitoras hematopoyéticas con donante no emparentado. Cada año se realizan alrededor de 65.000 transplantes de órganos en el mundo y se estima que entre 150.000 y 200.000 personas se encuentran actualmente a la espera de un transplante. En la Argentina esa cifra se sitúa en aproximadamente 7.000 personas por año. En otros países hay un descenso en la tasa de donación, como es el caso de Estados Unidos, Canadá o Australia.

Lo que se debe concientizar cotidianamente es que detrás de los números, laten vidas humanas. Para que las tasas continúen mejorando en forma sostenida cada día, además de promover la conciencia social sobre el valor de la donación de órganos, se debe profundizar el trabajo sobre la efectividad del sistema sanitario. Los resultados alcanzados son también prueba de la confiabilidad que el Incucai ha sabido ganarse en muchos años de trabajo. Se debe reconocer la importancia que tiene el haber reforzado en los hospitales los programas de detección de posibles donantes. La capacitación de los recursos humanos en equipos interdisciplinarios es esencial, ya que tanto la procuración como la donación de órganos son entendidos como actos médicos. El compromiso de los coordinadores hospitalarios reviste un peso sustantivo, pues son ellos quienes casi de manera invisible conectan la vida que se apaga y la que se iluminará con un transplante.

Frente a la detección precoz de un potencial donante, una respuesta familiar negativa esconde generalmente desinformación y falta de interés. Además de la alegría por el récord alcanzado habrá que hacer tomar conciencia entonces, de la importancia de privilegiar y valorar la vida.