La ministra de Educación de la provincia, Cristina Díaz, confirmó que el año próximo se comenzará a enseñar educación sexual en las escuelas. Dijo que continúan trabajando en la redacción de un cuadernillo guía para docentes y reconoció que están atrasados en esta tarea.
La ley nacional de educación sexual integral 26.150 obliga a todas las escuelas de gestión privada y estatal, confesionales y no confesionales, de impartir un programa integral de educación sexual desde el nivel inicial hasta el superior de formación docente y de educación técnica no universitaria. Responde a la preocupación de la sociedad y del Estado por cuestiones relativas a la salud sexual y reproductiva, al VIH-sida y otras enfermedades de transmisión sexual, el aumento del embarazo adolescente, el abuso sexual, aborto, y la iniciación sexual temprana. Lo hace desde una perspectiva integral de la educación sexual como derecho humano, que articula las dimensiones biológica, psicológica, social, afectiva y ética en pos de la formación armónica de las personas.
La ley explícitamente reconoce la potestad de cada escuela de adaptar las propuestas que formula a su realidad sociocultural, a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros. Pero las instituciones educativas deben ajustarse a la perspectiva general de la ley. Esta fue diseñada dentro del marco legal más general de la Constitución nacional, que establece la garantía de los derechos de los niños, niñas y adolescentes a acceder a los mejores niveles de salud, de información y a desplegar sus capacidades y potencialidades sin riesgos para sus vidas.
Es claro que la educación sexual no puede orientarse a disminuir el "riesgo” o las consecuencias negativas del ejercicio de la sexualidad. Tampoco es sólo una cuestión de salud ni de reproducción. Antes que mirar a los niños y a los jóvenes como una población en riesgo, hay que mirarlos integralmente como personas, lo cual trasciende lo orgánico, lo genital, lo exclusivamente biológico y corporal para incluir aspectos que tienen que ver con lo social, lo normativo, lo afectivo, las relaciones interpersonales y la igualdad de ambos sexos para ejercerlo.
La sexualidad no es una enfermedad. Deslegitimarla u ocultarla socialmente tras el riesgo o los prejuicios, encarna otro riesgo también muy importante: negar el propio derecho a la identidad.
