El Gobierno nacional dispuso la estatización del ferrocarril Belgrano Cargas, el mayor sistema de fletes con 7.347 kilómetros de vías, de los cuales 5.052 se encuentran operativos y con gran incidencia en las economías regionales, en particular del Centro y Norte del país, incluyendo a los principales ramales de nuestra provincia.

Según el decreto presidencial 566/13, se crea la empresa Belgrano Cargas y Logística SA, que estará bajo la responsabilidad del Ministerio del Interior y Transporte, dando lugar a la constitución de varias sociedades estatales en la órbita de la Administración de Infraestructura Ferroviaria, de la Sociedad Operadora Ferroviaria y de la Administración General de Puertos, entre otros sectores que integrarán el nuevo emprendimiento, que incluye la rehabilitación de los talleres de Tafí Viejo, en Tucumán.

La reciente historia de la emblemática línea se enmarca en la ley 26.352 de reordenamiento ferroviario, para recuperar y desarrollar la infraestructura. La intervención estatal al Belgrano se dispuso en octubre pasado, luego de haber recibido subsidios por más de 2.056 millones de pesos, sin los resultados esperados en cuanto a la proyección económica que se le pretendió dar al sistema en virtud de su importancia para la conexión entre los centros de producción con los puertos y los centros de acopio y consumo.

Este factor clave en el desempeño y crecimiento de las economías provinciales sigue siendo una expresión de deseo como podemos observar en San Juan con el abandono de la conexión con Jáchal, un ramal fundamental para optimizar el transporte de cargas con ese departamento, potenciado por el desarrollo minero. También por la paralización de las conexiones del Belgrano con Córdoba, el Norte y el Litoral, y el deterioro interno en nuestra provincia, que será necesario repararlo para, en su momento, rehabilitar el servicio.

Las reiteradas frustraciones en los objetivos del Belgrano Cargas provienen del manejo político y sindical que ha impedido una auténtica concesión sobre bases genuinas a través de inversiones que garanticen la seguridad y la continuidad del transporte de mercaderías e insumos, en abierta competencia con el transporte automotor que prácticamente monopoliza el negocio de fletes. Pero poco y nada se hizo para preservar los ramales y dependencias como estaciones y terrenos que fueron transferidos a provincias y municipios, y un alto grado de usurpación y depredaciones hasta impedir cualquier intento de revertir este desguace que lleva más de tres décadas.