"Descubrir las raíces de nuestra reflexión significa promover nuestro pensamiento e ingresar al sistema de ideas que den el fundamento -la piedra filosofal- a nuestra identidad, desde América al mundo. El Bicentenario promueve el punto de partida de una filosofía cuyana, oportunidad de fundar nuestro saber y proyecto de sociedad humana".
Nuestra vida corre en paralelo a nuestra forma de pensar. En términos filosóficos diremos "que el pensar sigue al ser". Por ello es de importancia fundamental, liberarse de prejuicios, ideologías o quizás de sistemas de pensamientos que no sean los nuestros y mostrar al resto de la humanidad qué se ha generado desde la tierra que nos vio nacer.
Un corpus de pensamiento crítico, debe tomar categorías tales que puedan traducirse en un paradigma confiable al ideario cuyano, argentino y americano. Luego vendrán acercamientos o visiones de pensadores, que van a adherir a un sistema de ideas, filosófico o quizás político, o bien darán origen a visiones personales.
Lo propio y sostenible de nuestras producciones puede deducirse en cuatro categorías que a su vez están contenidas en el conocimiento filosófico. De ello mencionamos: el tener, la nada, el saber y la totalidad.
El tener como haber. El problema, no es sólo vivir, sino tener, como si fuésemos "siendo" por tener, para ser. Como si la identidad personal y social se estuviese construyendo sobre las pertenencias, en el ámbito de tener cosas. Tener es el camino de someter al otro, y no importa si ese otro es un hombre, una hormiga, una planta o una montaña. Puede ser incluso, una forma de inseguridad en las personas para fomentarles el consumo y la explotación, de que se confíen para que no se ordenen por sí a un nuevo horizonte.
La nada, como el problema racional para resolver su problema. Porque aparece sólo cuando alguien hace mención a ella, siendo posible porque se la ha superado ya que únicamente el hombre puede afirmarla.
El saber, puesto que marca el norte para la orientación en nuestro ser y pensar por contraposición a la duda que es la conciencia de no saber, aunque en sentido positivo, marca el punto de partida o el reconocimiento del estado en que nos encontramos para comenzar "a caminar". Entonces, el que enseña lleva a otro al conocimiento de lo que ignora siguiendo un proceso similar al que uno emplea para descubrir por sí mismo lo que ignora.
En el reconocimiento del saber pedagógico toma especial relieve una Filosofía de la Educación, así como la jerarquía de una Pedagogía. Es una cuestión de suma importancia. El actual descrédito generalizado de la filosofía en general y la hegemonía del positivismo científico pretenden sin embargo, que la pedagogía pierda raigambre filosófica, con lo que ello supone que se la reduzca a las llamadas "Ciencias de la Educación" observables en el proceso educativo en docentes que no son profesores sino técnicos o provenientes de otras profesiones liberales.
Y por último, el todo, la totalidad. La filosofía aspira a interpretar las cosas en su totalidad. Dedicarse a la interpretación de sólo una parte de los hechos, no reza con esta disciplina. Es preciso entonces que lo incluya todo dentro de su visión última por la sola razón de que las cosas que integran ese todo existen, son, de una u otra manera.
De este modo, el objetivo de la filosofía es, al menos, un todo-unidad que puede ser, simultáneamente, considerado como entidad única y como agregado de entes parciales, aunque siempre subordinados a la totalidad es lo que coincide con lo existente.
Al plantear una filosofía cuyana extensiva e integrada a una filosofía latinoamericana tomamos un momento pertinente como el del Bicentenario de nuestro país para dar las bases a un pensar crítico e independiente en su identidad que logre "descubrir las raíces de nuestra reflexión con la oportunidad de fundar nuestro saber y proyecto de sociedad humana".
Un ejemplo de ello lo constituye una definición acerca de lo que desde nuestra antropología y filosofía cuyana definimos en el marco de nuestro hipotético paradigma y que encontramos en el concepto de amor. Así, entendemos el amor como "el no tener nada y saber que lo tengo todo". Este concepto filosófico, va a responder a las expectativas de nuestro quehacer y forma de concebir una de las realidades más importantes que vincula al hombre para un mundo tan globalizado como el nuestro y al mismo tiempo nos dará el carácter distintivo.
El mismo se podrá aplicar, como fuerza productiva, como vínculo afectivo, como propio de las relaciones humanas, como sustrato y sustento de la unión conyugal, como respeto por la naturaleza y para una evaluación de una explotación sustentable, como principio de vida cristiana o como consideración del otro, como acuño a nuestras tradiciones y costumbres cuyanas o como a nuestros hábitos sanjuaninos, como origen de la educación en nuestro continente o al precursor de la enseñanza en la obra del maestro de América o también como evolución de las ideas y nuestro pensamiento en el marco del Bicentenario.
