Los tiempos actuales, ponen cada día más en evidencia que los procesos de globalización están afectando el presente y futuro de la humanidad, a partir de la globalización económica, el fortalecimiento de los sistemas democráticos, nuevas producción de bienes y servicios, las fracturas sociales (desempleo, pobreza, exclusión, discriminación, violencia) la transformación de espacios culturales, los nuevos estilos familiares, el dinamismo de los cambios científicos y tecnológicos. Cabe agregar, la incertidumbre ante la pérdida de empleo y disminución del ingreso adquisitivo.
La educación se constituye en una dimensión fundamental, para el desarrollo de cada persona y para su inclusión social. En este contexto adquiere significado y relevancia el trabajo como fuerza dinamizadora del proceso transformador. Se entiende por trabajo a las actividades productivas que humanizan a las personas como sujeto individual y social, que contribuyen a elevar su calidad de vida y por ende, la comunidad.
"Trabajo y Formación” se vinculan en el desafío de procurar el desarrollo integral de las personas desde las prácticas políticas y sociales a través de las cuales se busca el bien propio y el de los demás.
Se postula el principio de educación permanente donde se integra la educación formal, no formal e informal a partir de las necesidades y experiencias de aprendizaje de las personas a lo largo de toda la vida. Por lo general, cuando se trata de educación se piensa naturalmente en el futuro y se decide sobre la formación de generaciones en crecimiento. Menor atención reciben los problemas que se generan a partir de las circunstancias actuales y preparación del futuro para otros grupos de edad, el aporte de la educación al cambio en el corto plazo está casi excluido del debate. Para los investigadores y expertos en educación, sigue siendo sinónimo de "sistema escolar”.
Los aprendizajes que se llevan a cabo en contextos cotidianos son significativos y constituyen un capital cultural. Si se pudiera medir los impactos que producen el aprendizaje formal y no formal podría resultar insignificante, porque está lejos de formar a la persona en un todo, ya que la totalidad se constituye a través de las experiencias que acontecen en el transcurso de su vida, las que muchas de ellas, tienen lugar en medios ajenos a lo formal.
Es imprescindible tomar decisiones sobre el desarrollo socieconómico que se desea impulsar, sobre el tipo de sociedad que se quiera construir y consecuentemente sobre qué educación es la que se ha de promover. En esta sociedad pos moderna con nuevos roles para los trabajadores, no sólo hay que proporcionar tiempo y dedicación a la tarea específica en sí, sino también considerar su capacitación, actualización y profesionalización.
La demanda de trabajo plantea la necesidad de readaptación de la oferta de trabajo, con los conscientes períodos de desocupación. Las empresas en esta modernización, redefinen el contenido de numerosos empleos, las pautas de clasificación, el modo de valuar de estos, y las líneas de rotación y movilidad. Por ello, la escuela deberá desarrollar un conjunto de capacidades, habilidades y destrezas que permitan aprender durante toda la vida.
Las actuales condiciones de trabajo, inciden en la disminución de puestos de empleo y requiere iniciativa de las personas, para generar sus propios medios de subsistencia y no esperarlo siempre desde el Estado. El trabajo dignifica al hombre. La formación laboral constituye una valiosa estrategia para la integración laboral y social, por lo cual debe ser pensada en el marco de la educación a lo largo de toda la vida y de la promoción social.
(*) Licenciada en Letras. Escritora y Productora del programa Botica Educativa-LV5 Radio Sarmiento.
