Desde Tales de Mileto se sabía que si una resina llamada ámbar se frotaba con un paño, se cargaba y atraía trozos de papel. A la carga se la llamó electricidad porque ámbar en griego es elektron. Se llamó conductores a metales ó al mismo cuerpo humano pues la transmiten a otros materiales y a los que no, como seda o madera, se los llamó aisladores. En el siglo XVI, Benjamín Franklin llamó positivos a los materiales que se electrificaban más y negativos a los que menos, (terminología que se usa hasta hoy) y observó que cargas iguales se repelen y distintas, se atraen. Descubrió que los rayos de las tormentas, son electricidad. La captó con varillas en punta conectadas a tierra, siendo el pararrayos la primera aplicación práctica de la electricidad. El francés Coulomb logró medir las fuerzas de atracción y repulsión y en el siglo XVII, usando las chispas producidas por fricción entre esferas o discos, se generó electricidad, escasa y costosa.

Cuando Galvani experimentó con descargas eléctricas que estremecían los músculos de ranas, Volta se dio cuenta que entre los líquidos musculares y los metales, se producía una diferencia de potencial ó voltaje, que permitía circular energía eléctrica, sin necesidad de fricción. Fue la base para construir pilas y baterías hasta llegar a la pila seca que hoy usamos en aparatos portátiles.

También, desde tiempos remotos, los navegantes usaban agujas magnetizadas (ó imantadas con Magnetita, un mineral que atrae al Hierro), que apuntaban al Norte y Sur. Se descubrió que los imanes tienen polos Norte y Sur y que iguales se repelen y distintos se atraen con fuerzas que Coulomb midió y consideró semejantes a las eléctricas, pero no las relacionó. Oersted, un profesor de Filosofía de Copenhague, las relacionó al observar que una corriente eléctrica desviaba la aguja magnetizada de una brújula y originó que Ampere estudiara y viera que una corriente eléctrica siempre alinea perpendicularmente a la aguja magnetizada. Dedujo que cargas eléctricas originan fenómenos magnéticos, logrando construir un Galvanómetro o detector de electricidad. Hasta entonces, los científicos usaban sus cuerpos para probarla. Faraday, científico de humilde origen y estudios elementales, tras muchos intentos fallidos demostró que, a la inversa, el movimiento de un imán próximo a un cable en espiral, induce electricidad. Se convenció que ambas cargas (eléctricas y magnéticas) crean campos y líneas de fuerza variables al variar las cargas. Sus escasos conocimientos matemáticos, le impidieron formular una teoría. Maxwell con cuatro ecuaciones relacionó ambos campos y lo llamó fenómeno electromagnético, incluyendo a la luz en él.

La inducción electromagnética demostrada por Faraday, permitió construir motores eléctricos, a partir de imanes y bobinas, y también el electroimán, semejante a un imán permanente pero al que se puede controlar intensidad, variando el número de espiras o la corriente que circula.

El motor eléctrico desplazó la máquina a vapor y a gasolina, como generador de fuerza electromotriz para abastecer industrias. Sin embargo, la demanda doméstica originó amplias redes de abastecimiento de corriente eléctrica continua. Thomas Alva Edison perfeccionó los motores y generadores consiguiendo altos voltajes en forma constante e inventó la lámpara incandescente, iluminando buena parte de la ciudad de Nueva York. Una mayor demanda, requirió más generadores y cables más gruesos. Entonces un brillante inventor nacido en la actual Croacia, Nicola Tesla, sin esquemas, con un modelo ideado en su mente, construyó el generador de corriente alterna polifásico, donde la corriente varía un número de veces por segundo, posibilitando la fabricación de transformadores, que mejorados por Westinghouse, adecuaron la distribución eléctrica permitiendo alimentar grandes ciudades y zonas rurales.

Edison inició una guerra de desprestigio a la corriente alterna de Tesla y hasta uno de sus empleados, diseñó con ella "la silla eléctrica”, pero hacia fines del siglo XIX, muchos países la adoptaron por su eficiencia.

El electromagnetismo también se aplicó rápidamente a las comunicaciones. En 1866, un cable transatlántico transportaba, mediante impulsos eléctricos, los mensajes codificados por Morse. El teléfono transformaba ondas de sonido en variaciones de corriente eléctrica que un receptor volvía a transformar en sonido. La predicción de Maxwell de la existencia de ondas electromagnéticas con diferentes longitudes de onda y la verificación experimental de Hertz, permitió inventar el telégrafo inalámbrico, la radio, después la TV, el radar etc. Gracias a los experimentos de Faraday y sus antecesores la Ciencia se asoció a la Tecnología. La genialidad de Maxwell y la creación de la industria eléctrica por Tesla, cambiaron la vida del hombre. En el siglo XX, la Teoría Cuántica y su correcta descripción de los sólidos, hizo surgir la asombrosa industria electrónica. En el siglo XXI, la asociación iniciada gracias a aquellos científicos pioneros, vertiginosamente continúa transformando la cultura de la humanidad.

(*) Licenciada en Bioquímica.