Y así llegaron... los inmigrantes en su llegada a la Argentina, en busca de trabajo y paz.

 

 

Según datos de Luis Gregorich, entre 1821 a 1982, entraron a nuestro país 6.405.000 inmigrantes. La Argentina ocupa en consecuencia el segundo lugar en el mundo, sólo precedida por EEUU. Pero si comparamos la población de ambos países en igual período, se ubica en el primer puesto por porcentaje de inmigración. No fue necesario esperar mucho tiempo para que se formara el mito nacional del "Crisol de razas''. fueron suficientes 30 años que podríamos llamar de "inmigración masiva'' (1880 a 1910). En este lapso llegaron 3.000.000 de inmigrantes. En estos años se transformaron la sociedad, la economía, las costumbres y la cultura Argentina. Es cierto, escribieron páginas de epopeya, pero también sufrieron desilusiones. En un principio se trató de que poblaran las extensiones deshabitadas de La Pampa, el Litoral y otras zonas, teniendo preferencia por gente que viniera del Norte de Europa. Alberdi, autor de la frase "Gobernar es poblar'', atribuía dotes superiores a los nordeuropeos (en especial anglosajones y germanos) en lo que se refiere a la organización social, y durante la presidencia de Avellaneda se procuró ese tipo de inmigrantes. Pero la corriente inmigratoria de Europa Septentrional se dirigió en su mayoría a EEUU. Vinieron los italianos del Sur escapando de la miseria y la opresión secular, los campesinos españoles, que dejaron atrás sus rías y sus campos anegados. Los judíos, el pueblo de la Biblia, huyendo de los pógroms zaristas; los esclavos de ojos claros que preferían las promesas de la república americana al rebenque de sus reyes; los árabes y sirio-libaneses, en busca de un escenario para desarrollar sus talentos comerciales.


Nadie sabía cómo eran estas tierras. No traían capitales (salvo unos pocos), sólo el capital de las fuerzas de sus brazos para trabajar en este bendito suelo argentino.Y así llegaron. Estaban dispuestos a mecerse muchos pías en aguas de los océanos mirando en el nocturno cielo, cuál sería la estrella que los llevaría a su destino. Hombres solos, matrimonios, familias. No más bamboleos, No más levantar la cabeza para escudriñar en el cielo. Y en tanto el almanaque envejecía, lentamente subía el telón del teatro de sus vidas, en cuyo escenario habrían de representar la obra de una nueva experiencia: la que soñaban, la que anhelaban. Cuántos inmigrantes se acordarán de aquellos inquietos camarotes de 6m2 cuadrados, ocupados por 8 personas mayores más los niños. Cuántos de aquel viaje en la bodega de un barco donde para 200 ó 250 personas, habían sólo 5 ó 6 baños. Las camas eran simplemente colchonetas rellenadas con paja, y como almohadas, los salvavidas.


Los que vinieron fueron hombres de pueblo, no sabios colonizadores con teodolitos o Winchester. Y llegaron. Estaban todos: Pepe el gallego, el turco Alí, el gringo Nicola, el ruso Jacobo, el judío Samuel....Al recordar a aquellos que por primera vez contemplaron en el cielo argentino el presagio de la fortuna y la felicidad,rescatemos en estos momentos los elementos preciosos que trajeron en sus equipajes: su pluraridad, su respeto a los demás y su esperanza de ser respetados. Hoy forman parte de la tierra que quisieron como suya y nuestro agradecimiento porque llegaron de ultramar a nuestra bendita tierra.

 

 

Por Carlos R. Buscemi   Escritor