La ciudadanía argentina de nuestra generación será protagonista hoy de un acto inédito de civismo histórico, al inaugurar el régimen de segunda vuelta vuelta electoral, o balotaje, por el origen francés de este mecanismo impuesto por la reforma constitucional de 1994 y frustrado al implementarse por primera vez, en 2003, por la renuncia de uno de los candidatos.

Pero este antecedente fallido, casi anecdótico, marca la evolución de un proceso participativo que se viene perfeccionando y depurando con elecciones primarias, generales y ahora con una instancia decisiva de transparencia democrática, que fortalece aún más al sistema representativo y republicano. La opción del electorado para determinar si será Mauricio Macri o Daniel Scioli, quien alcance la Presidencia de la Nación para el mandato que se inicia el 10 de diciembre venidero, será resuelta en los 13.500 lugares de votación donde las 95.000 mesas recibirán la decisión de los mandantes en todos los rincones del país.

La responsabilidad del sufragante está a la altura de la importancia de estos comicios y se refleja en el nivel de participación, casi un récord, que trepó del 75 al 81 por ciento entre las primarias de agosto y la primera vuelta del 25 de octubre último. Las expectativas de cambio conducen a valorar un sufragio meditado, o a conciencia, como aconseja el papa Francisco, y no resuelto por un impulso emotivo casi irreflexivo, menos ahora en que las diferencias de los candidatos parecen haberse acortado, según los analistas.

El compromiso ciudadano se potencia también frente a la necesidad de plantear al futuro institucional con otra mirada. Puede ser dar con una vuelta de página, una vez fortalecida la autoridad presidencial, para que los argentinos nos reencontremos con el diálogo y el consenso y alcancemos acuerdos con ideas multisectoriales sobre los grandes temas de la vida nacional por encima de diferencias ideológicas. Es que cualquiera que gane tiene por delante un enorme desafío, tanto para resolver cuestiones de la crítica herencia económica a recibir, como por los problemas que abruman a la sociedad, caso de la inflación, el narcotráfico y la inseguridad.

Y queda por delante nivelar las cuentas públicas y reactivar el aparato productivo para una Argentina competitiva, con crecimiento gracias a la equidad que garantiza el Estado de derecho, con transparencia ejecutiva y fortalecida con irrestricta independencia de los poderes del Estado. Pero, fundamentalmente, retomando al crecimiento mediante la cultura del trabajo.