Tropezar dos veces con la misma piedra no es inteligente pero, puede pasar. Si somos indulgentes con nosotros mismos podemos admitir un segundo intento fallido buscando solucionar un problema con la misma práctica porque, y así lo indica la ciencia, hay veces que un cambio imperceptible puede modificar las condiciones de la primera vez. Ensayo y error, se suele llamar. También es bueno reconocer que es muy posible que si hacemos lo mismo el resultado sea idéntico o muy parecido. Si hacemos siempre lo mismo, el resultado será igual hasta en los detalles. Hay cosas que pueden no gustarnos por razones personales, estéticas, ideológicas o lo que fuere, pero que muestran buenos resultados. La forma de entender el fútbol de Bilardo, desagradable a la vista, tosco, violento, defensivo pero, exitoso, una vez campeón del mundo y otra subcampeón. En el otro extremo, la exquisitez de la técnica boxística de verdaderos artistas como Nicolino Locche o Prince Naseem Hamed, héroes del esquive, también campeones. Se puede llegar a excelentes fines desde diferentes posturas, todo depende del uso que se haga de las destrezas, de las capacidades propias y que se interpreten bien las situaciones. Pero cuando se incurre en la misma práctica luego de evidentes y sucesivos fracasos ya hay que pensar en otra cosa. Algo es claro, un error no se corrige con otro error. Más aún si el segundo error tiene como único fundamento la obcecación, esa falta obsesiva de racionalidad, esa necesidad terca de intentar salir con la suya a como dé lugar.

No hace falta estudiar economía ni asesorarse para saber que la actividad primaria no influye en el precio de góndola

No hay manera de entender que el gobierno nacional repita la historia de la Resolución 125 que casi cuesta la renuncia de la primera presidencia de Cristina Fernández. Recordemos, marzo de 2008. El precio de la soja crecía sin techo por el alto consumo de China y otras condiciones de los mercados. A aquella administración se le ocurrió aumentar ese impuesto a la exportación a límites que los productores consideraron confiscatorios. Hubo lockout empresario, retracción de ventas, retraso en la liquidación de lo vendido y el conflicto llegó al Senado donde el Vicepresidente Julio Cobos debió desempatar con el recordado voto "no positivo". Cisma en el oficialismo al más alto nivel. En un caso sin precedentes ni consecuentes, Cobos no podía pisar lugar del país sin que la gente del campo lo saliera a recibir en las rutas, pusieron su segundo nombre "Cleto" a un toro, y, lo más raro, la movida sirvió para unir por primera vez a cuatro organizaciones rurales que históricamente estuvieron enfrentadas en lo que se llamó Mesa de Enlace. Ahora, en el lapso de pocos meses se tuvo el rechazo generalizado al intento de expropiación de la exportadora de productos primarios creada en 1929 por Pedro Vicentín pasándola al dominio de otra empresa quebrada a raíz del control estatal, YPF, en trámite de zafar del default de pago a acreedores externos. Se suceden saqueos y daños a las silobolsas de acopio de granos que nunca son investigados pero que tienen la rara característica de que nunca falta nada, no se roba nada, es el daño por el daño mismo.

Hay una gran confusión al creer que lo que se produce internamente no tiene costos incluidos en dólares.

Sospecha de intención de disuadir por violencia para que los propietarios vendan su cosecha al ritmo que necesitaría el gobierno y no el conveniente para el productor. Establecimiento de cupos de exportación como el reciente episodio con el maíz por entender que es la suba de precios externos la causa de la inflación. Muy raro que alguien se queje de que suban los precios de algo que vende. No hace falta estudiar economía o asesorarse con un ministro para saber que la actividad primaria no influye en la góndola, su participación porcentual en el precio final es insignificante, bien lo sabemos aquí con la uva. El domingo pasado estuvo en boca del Presidente Fernández la amenaza de aumentar retenciones o imponer cupos máximos de exportación. Felizmente, frente a los representantes del campo el miércoles se retractó. Difícil comprender, al menos para este periodista, que se pida disminuir las ventas afuera porque los precios estén altos cuando el Banco Central clama por divisas. Alguien debería explicar esta contradicción. Es distinto lo que hacen países vecinos que intentan aprovechar una situación favorable para producir más con incentivos a la siembra o tentando con mejores condiciones a empresarios eficientes de Argentina para que se radiquen en sus territorios, donde también el campo es fértil. Hoy es Paraguay, cuando en el pasado fue Uruguay. El ojo está puesto también en la carne, habiendo pasado un año sin que se pudiera cumplir la promesa de regresar el asado a las mesas de los domingos. Hay también una gran confusión al creer que lo que se produce internamente no tiene costos en dólares, eso es propio de quien nunca estuvo cerca del guano de las vacas. Se necesitan insumos con precios internacionales y lo más grueso son los valores de las estancias, muchas de ellas son alquiladas y siguen, como toda propiedad, el ritmo de la inflación. Sabemos que no es que los precios suban sino que la moneda con la que se quiere pagar cada vez vale menos. La inflación, a esta altura no hace falta repetirlo, es causada por la política monetaria y macroeconómica de los gobiernos y no por los productores ni intermediarios. La misma piedra se pretende apartar de la misma forma que en marzo de 2008. A punto de cumplirse 13 años de aquél peligroso episodio que tuvo en vilo al país y hasta puso en zozobra la estabilidad política, ¿se logrará esta vez otro resultado aplicando el mismo viejo método? O seguirá la piedra en su lugar provocando otro tropezón. Veremos.