Con la cuestión de una moneda común para Argentina y Brasil, anunciada entre Bolsonaro y Macri, es viable en términos analíticos afirmar la siguiente asociación de conceptos, esto es, que una determinada realidad deseada sea al mismo tiempo posible pero improbable. Eso parece ocurrir con el anuncio de una moneda común para Brasil y Argentina, inclusive, señalada como extensible a todo el Mercosur y mas allá todavía a otros países de la región latinoamericana, que tuvo lugar cuando visitó por última vez nuestro país el primer mandatario de Brasil.

Y esta combinación entre posibilidad e improbabilidad se da, por un lado, porque nadie puede estar en contra de algo bueno in abstracto, he aquí a lo que le llamamos desear algo posible. Pero cuando se baja a la arena de lo in concreto, la cuestión se llena de complejidades obstativas, algunas superables y otras que quedan en la incertidumbre, porque no se puede certificar su factibilidad en el corto ni en el mediano plazo, quedando su disipación prorrogada a un futuro de neto perfil sibilino. He aquí lo que afirmamos como improbable.

Entonces, con lo posible no hay problemas, pues, todos coincidirán en una meta o colofón deseable bueno y beneficioso para el bienestar común de Brasil y Argentina.

El problema se presenta con el porqué de esta hipótesis propositiva analizada respecto del corto y el mediano plazo, escenario temporal donde se aprecia que esta situación si bien anhelada resulta sin ambages improbable.

Este cumulo de vicisitudes cruzadas por lo asimétrico de la realidad y la historia de ambos países ha llevado a algunos analistas a esbozar alertas con crear un espejismo más que una luz al final del túnel.

El régimen cambiario por ejemplo debería cruzar una zona de tiempo de convergencia entre las dos monedas respecto del dólar, antes de llegar a la moneda común.

Esto de por si implica un enorme problema porque Argentina tiene su moneda híper devaluada respecto del real brasileño.

Este tema y otros adjuntos a esta cuestión, llevó a que en la misma mañana que Bolsonaro y Macri esbozaron este programa monetario convergente-común el Banco Central de Brasil emitió un comunicado diciendo que no trabaja en una agenda de moneda común.

Pero no es sólo lo asimétrico del valor de ambas monedas respecto de dólar sino la historia y la denominada cultura del dólar que se verifica en cada uno de los países. Mientras que en Brasil hay una confianza y volatilidad controlada de la moneda nacional, en Argentina se registra un favoritismo y una facilidad extrema que brinda el régimen del acceso a la tenencia de la moneda extrajera inasimilable a Brasil. Esto determina que se diga con enorme exactitud, realidad y verdad que aquí, en este país, nuestro país, haya una cultura del dólar más que una cultura de preservación del peso nacional. Sin ir muy lejos en Argentina se construyen edificios y casas en pesos, pero, se venden en dólares en el mejor de los casos, ya que, en el peor de los casos toda la cadena del mercado inmobiliario se concibe contablemente a precio dólar, siendo la moneda nacional un simple papiro sin valor per se, que corre detrás de la determinación que le imprima el mercado del dólar. Es más se puede decir que "Argentina esta de facto dolarizada”, en cambio en Brasil, con todos los problemas que pueda tener ésa frase de "Brasil dolarizada” no es correcta y no esta insista en la naturaleza del mercado ni en la agenda profunda y real de las autoridades.

 

Por el Dr. Mario Luna y el Prof. Fabián Núñez
Profesionales jachalleros.