El miércoles amaneció radiante en la ciudad. Y no era para menos. Era 8 de marzo, el día en que la sociedad rinde homenaje a la mujer. De todos los saludos que me llegaron, uno me impactó especialmente. Recibimos rosas, bombones, libros, canciones, mensajes, pero jamás recibí la imagen de un cadalso. Sobre un fondo ocre donde resaltaba una rosa roja y un borroso patíbulo, en la tarjeta se podía leer: "Si la mujer puede subir al cadalso, también puede hacerlo a la tribuna pública".
La frase en cuestión pertenece a la escritora francesa Olympe de Gouges (1748-1793), que presagiaba así su trágico final. Vaya creatividad para dar un mensaje, pensé. Pero allende las formas, la tarjeta era francamente inspiradora. Motiva a seguir defendiendo nuestros ideales, más allá de las consecuencias. Tal vez no nos espere una guillotina en el patíbulo. Pero hay tantas formas de matar y de morir y "sin embargo estoy aquí resucitando", decía la extraordinaria prosa de María Elena Walsh (como la cigarra, 1972).
Las ideas no se matan
Olympe de Gouges murió guillotinada el 3 de noviembre de 1793, acusada de traicionar los ideales revolucionarios. Fue una mujer valiente, de convicciones firmes que reivindicó aquello que la revolución francesa, según su parecer, había olvidado: las mujeres tenemos la misma dignidad que los hombres. Ello la impulsó a manera de reivindicación, a escribir La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791) que constaba de un Preámbulo y 17 artículos. Es cierto que no suscribo a todas sus opiniones, pero la ideas no se matan, dijo un glorioso sanjuanino camino a su destierro a Chile (Domingo F. Sarmiento, 1811-1888). Y Olympe fue condenada a muerte por sus ideas. Su delito fue pensar diferente y subirse a la tribuna pública para defender sus convicciones.
También hay mujeres mártires de la ciencia que fueron asesinadas por sus ideas. Es el caso de Dian Fossey (1932-1985), zoóloga estadounidense que dedicó gran parte de su vida al estudio y protección de los gorilas de montaña, especialmente de Ruanda y Congo. Animales en peligro de extinción en manos de cazadores furtivos. Ello le ocasionó grandes y cruentos enemigos. Un día fue encontrada muerta en su cabaña, fue brutalmente asesinada a machetazos. Su cabeza fue partida a la mitad por una hoz usada por los cazadores. En su diario íntimo nos dejó una frase para la reflexión: "Cuando te das cuenta del valor de la vida, uno se preocupa menos por discutir sobre el pasado, y se concentra más en la conservación para el futuro". Todo un principio del derecho ambiental sintetizado en aquellas palabras. Los caminos de la ciencia no siempre son seguros y algunos no conducen a Suecia (en relación al país organizador de los Premios Nobel).
Morir por la fe
Nuestro homenaje también a las mujeres que dieron y dan su vida por sostener su fe. Nunca ha sido tarea fácil, cualquiera fuese el credo religioso, defender las creencias. Ser creyentes en épocas de intolerancia y fanatismos, la historia lo atestigua, ha sido, siempre, un camino de riesgos. El riesgo de terminar en un circo despedazadas por las fieras, en el caso de las mujeres cristianas de los primeros siglos. Cómo no recordar aquí el martirio de Perpetua y Felicitas, decapitadas por no abdicar de su fe (Cartago 205 d.C.). O el riesgo de morir en una cámara de gas en manos de los nazis por el solo hecho de ser judías. El precio por subirse a la tribuna pública, es alto. Y pensar que todavía hay quienes sostienen que las mujeres sólo perdemos la cabeza por amor.
Por Miryan Andujar
Abogada, docente e investigadora
Instituto de Bioética de la UCCuyo
