Los niños siguen siendo los más vulnerables en el mundo, aunque sus derechos y reivindicados den lugar a diversas Convenciones internacionales. Según el Fondo Monetario y el Banco Mundial, la crisis económica global llevará a la extrema pobreza a 53 millones de personas más y causará en el próximo lustro la muerte de más de un millón de niños.
Para la mayoría de los expertos, los 8 Objetivos del Milenio establecidos por la ONU en 2000, no podrán ser alcanzados según lo preestablecido. Reducir en los países en vías de desarrollo la mortalidad infantil a 34 niños por mil parece bastante improbable. Esta tasa llegará en 2015 a 68 niños por mil.
Los únicos puestos de trabajo que no están en riesgo en el mundo son los infantiles, según la OIT. Todavía hoy, más de 215 millones de niños obligados a trabajar en la agricultura familiar o para otros, sin ninguna retribución. Más de la mitad, es decir 115 millones, son empleados en actividades definidas peligrosas, aunque sin llegar a una verdadera esclavitud, desde la servidumbre por deudas, a la prostitución, pasando por el trabajo en condiciones ambientales insostenibles. Para algunas franjas de edad, la lucha contra el trabajo infantil está incluso en regresión. Entre 15 y 17 años, se ha constatado un aumento del 20%, de 52 a 62 millones.
Proteger a los niños de este sometimiento debe ser una política de Estado, creando una situación económica favorable para evitar que las familias empobrecidas recurran a sus hijos para reforzar los ingresos. Pero hay una responsabilidad esencial, que compete a toda la sociedad: estar alerta buscando la forma de incidir para que esas políticas no sólo existan, sino que se apliquen.
