Gardel venía de actuar en Mendoza y llegó a nuestra ciudad el domingo 2 de julio de 1933, aproximadamente a las 20.30, y fue trasladado desde la estación del ferrocarril, Mitre y España, por Segundo Sombra Chirino, chofer de uno de los primeros taxis de la época. Él personalmente me contó que "Gardel venía vestido con traje azul y elegante sombrero gris. Descendió en la puerta del City Palace Hotel y acompañado de sus cuatro guitarristas, fue recibido por el botones del mismo, el joven Tomás Rufino Castro, quien los acompañó a la oficina de recepción donde firmaron el libro correspondiente”. El propio "Tomasito” luego me comentó: "lo acompañé a la habitación Nro 18 del primer piso, que era para él solo. La habitación 4 y 6 era para sus guitarristas”.
El 3 de julio (lunes) Gardel actuó en el cine-teatro Cervantes, de calle Mendoza antes de Mitre (derribado para construir la Avenida José Ignacio de la Roza). La alegría y algarabía de esos días era indescriptible en toda la provincia, ya que la concurrencia era de todos los departamentos. Un amigo de Jáchal me contó que "su padre y otros amigos vinieron en una carretela, pero no consiguieron entradas”.
El teatro estaba totalmente colmado, no cabía ni un alfiler más. Mi padre, de origen libanés, me contó que él estuvo en la Plaza 25 de Mayo y el botones del hotel, "Tomasito” Castro comentó que le pidió a Gardel que le permitiera llevarle la guitarra y poder pasar.
Comenzó la programación con una película y luego el "Zorzal criollo” inició su actuación con el tango de Petorossi "Lo han visto con otra”. Al finalizar, le comentaron que afuera del teatro había muchísima gente esperando verlo. Gardel no solo accedió a ese pedido, sino que en las escalinatas de la salida del cine le cantó a ese público varias interpretaciones.
Luego fue homenajeado con una cena en la Morizca (restaurant que se ubicaba frente a DIARIO DE CUYO).
En los días siguientes visitó muchos lugares y familias de nuestro medio: El Club Español (estaba al lado del cine Cervantes); la cárcel de Marquesado, cantándole a los presos; una finca de la Bebida, con un asado y una viejecita que tejía en un telar, a quien le cantó y obsequió un billete de cincuenta pesos. También visitó la casa del director de la Banda de Policía, D’Angelo; la familia Ochoa y el chalet del doctor Aldo Cantoni.
Existen comentarios de que Gardel habría venido a San Juan, a los baños de Pismanta, seguramente invitado por su amigo Saúl Salinas.
