En estos días se está registrando un aumento de la actividad sísmica en el mundo con grandes terremotos, que si bien despiertan temor ante la tremenda fuerza destructiva, para los especialistas no son más que periódicas manifestaciones de normalidad en el comportamiento geológico y la única forma de protegerse es mediante acciones preventivas.
El reciente terremoto de magnitud 8,2 en la costa del Norte de Chile, sorprendió por la extraordinaria fuerza liberada, aunque propio en una región donde la media anual es al menos un temblor de alta intensidad o superior al registrado y unos 18 que rebasan los 7 grados. Después sobrevinieron terremotos en Papúa Nueva Guinea y en Nicaragua, de magnitud 7,1 y 6,2, respectivamente, y el viernes último en México de 7,5 grados.
El Servicio Geológico de los Estados Unidos, que monitorea en forma constante los movimientos telúricos en todo el mundo, sostiene que esta eventualidad es normal, pero de lo que se sorprenden los geofísicos es del reducido número de víctimas que se cobran estas descomunales sacudidas gracias a las medidas preventivas de algunas regiones con alta actividad sísmica que han experimentado gran resultado positivo.
En este liderazgo sobresalen Japón y Chile, con infraestructuras capaces de mantenerse en pie a pesar de la furia de la naturaleza y también por tener una población arraigada en la cultura sísmica que responde de inmediato a los operativos de salvataje y evacuaciones masivas muy bien planificadas.
En nuestro país y particularmente en San Juan y otras provincias cordilleranas con amplio historial sísmico, los ciclos históricos hacen prever que grandes terremotos están latentes y, como se sabe, nadie los puede pronosticar. El único recurso válido ante un movimiento de estas características, son las medidas preventivas a partir de los rigurosos controles en la edificación. La permanencia en nuestro territorio de construcciones precarias y -por el relajamiento de las inspecciones- el uso del adobe sin estructuras sismorresistentes, presentan riesgos potenciales que deben ser eliminados cuanto antes.
Además, la necesidad de contar con operativos de emergencia para evacuaciones rápidas y seguras de locales con afluencia de público y una educación, en todos los niveles, para la supervivencia.
