El simulacro de operativo para determinar la forma en que se debe actuar ante un sismo de gran magnitud realizado en octubre último en Mendoza, por organismos públicos y privados de esa provincia y de la República de Chile, puso de relevancia una vez más la importancia de generar en la población una auténtica cultura de la prevención sísmica, como una de las formas más efectivas de reducir los daños que provocan los terremotos.
Durante la experiencia que reunió a más de 1.000 efectivos de las Fuerzas Armadas, 170 profesionales de la salud y voluntarios por parte de la Argentina, a quienes se sumaron 117 uniformados de Chile y algunos de Brasil, y la utilización de todo tipo de elementos, incluyendo aviones, se reveló que durante el destructivo terremoto del 27 de febrero de 2010 en Chile, más del 70% de las víctimas fatales (que ascendieron a 555) no murieron por causa directa del sismo, sino como consecuencia del manejo posterior de situaciones que pudieron haberse evitado, de haber contado con un programa de prevención que contemplara lo que se debía hacer en cada uno de los casos.
Si bien este tipo de ejercicios sísmicos no son nuevos, ya que en San Juan periódicamente se realizan en escuelas, oficinas públicas y hasta en hospitales, con la participación de distintas organizaciones de voluntariados y hasta de efectivos del Ejército Argentino, como ocurrió en 2011, el hecho de que en Mendoza se haya concretado en forma conjunta con organismos chilenos, le ha dado una trascendencia internacional que es de gran importancia teniendo en cuenta que se ha intentado abarcar una de las regiones sísmicas más activas del planeta.
En materia de prevención sísmica es conocido que todo está interrelacionado, desde las características de la construcción de las viviendas y edificios que deben seguir celosamente las exigencias establecidas para las construcciones sismorresistentes hasta las normas de comportamiento de la población antes, durante y después de un fuerte temblor y los planes de contingencia sísmica que puedan estar debidamente establecidos. En relación a este último punto hay una propuesta presentada al Gobierno de San Juan por una serie de entidades, encabezadas por la delegación local de la Cámara Argentina de la Construcción, que prevé la implementación de un Plan de Contingencia Sísmica acorde a las necesidades de esta época. De esta iniciativa participa el Instituto de Prevención Sísmica (Inpres), los organismos que nuclean a los ingenieros y arquitectos de San Juan y los departamentos de la Universidad Nacional de San Juan vinculados con la investigación sísmica.
En la experiencia concretada en Mendoza, se debió tener en cuenta la participación de San Juan y de otras provincias sísmicas, ante la necesidad de compartir el campo común de conocimientos asimilados a lo largo de sus respectivas historias.
Si bien en nuestra provincia todavía falta desarrollar, con mayor precisión, aspectos de la prevención sísmica haciendo partícipe a una mayor cantidad de sectores de la población, no se puede desconocer que con experiencias como la de los terremotos del 15 de enero de 1944 y del 23 de noviembre de 1977, sumado a la gran cantidad de sismos de gran intensidad y magnitud que se registran periódicamente, San Juan tiene gran cantidad de conocimientos que puede aportar a la región.
Sin duda Mendoza también tiene un rico historial en materia de movimientos sísmicos, pero hay que tener en cuenta que en este tema no hay exclusividades y que los devastadores efectos que puede provocar un terremoto en cualquiera de las ciudades afecta directamente a todas las poblaciones cercanas, que también deben estar preparadas para asistir en la emergencia a sus vecinos. Es por esto que la prevención sísmica surge como la única herramienta posible ante estos fenómenos de la naturaleza que hasta el momento son imposible de predecir.
