La tecnología digital demuestra día a día sus ventajas y sus defectos. Las huellas o rastros que dejan todos los usuarios cuando navegan por internet adquieren dimensiones incalculables. Las redes sociales o visita de ciertos sitios; los mails, las conversaciones en los chats o el simple hecho de encender una computadora y el teléfono celular implican que del otro lado alguien lo está registrando.
Los sistemas de posicionamiento de los teléfonos móviles registran todos los pasos que dan sus usuarios, e incluso existen dispositivos con rastreador para identificar el lugar donde se encuentra un móvil en caso de robo. Esta herramienta permite a la policía, recuperar el objeto robado o, al menos, motivar la denuncia con aporte de datos por parte de su propietario.
Hace poco, la Secretaría de Investigaciones penales, dependiente de la Unidad Fiscal de Investigación de Delitos con Autor Desconocido, y de la División Antisecuestros de la Policía Federal desarticularon una banda de secuestradores a través de los rastros electrónicos. Lograron obtener los listados de los abonados de teléfonos activados en los lugares donde habían ocurrido los secuestros y seguir con esos números por dónde circulaba la banda con las víctimas cautivas. Una vez obtenida la lista de abonados se buscó en Facebook, donde aparecía uno de los delincuentes buscados.
Luego del lanzamiento de la tarjeta de Sistema Único de Boleto Electrónico (SUBE), el grupo de hackers Anonymous publicó una lista de personas con los recorridos que realizaban a diario para demostrar las falencias del sistema. La Secretaría de Transporte, suprimió entonces, el acceso irrestricto a la base de datos del boleto electrónico y suspendió por irregularidades a la empresa encargada de controlar el sistema.
En realidad, resulta bastante habitual que todos proporcionemos sin percatarnos datos personales que formarán parte de muchas bases de datos. Las tarjetas de descuentos de los supermercados, las de crédito y otros beneficios son parte del mismo proceso. Incluso cuando alguien es fotografiado al ingresar a un edificio, consiente un dato que, según la ley 23.326 de protección de datos personales, debería borrarse de los registros una vez que la persona abandona el sitio.
La privacidad es un derecho protegido por la Constitución Nacional, aunque en algunos casos no es respetada. La realidad de la vida digital, obliga a que con prudencia y control se maneje la información personal, pues hemos llegado a situaciones en que la vida virtual cada vez más define la vida real de los ciudadanos.
